Detalles de la investigación estadounidense en contra del ex titular de la SEDENA

Cd. de México (16 octubre 2020).- Los agentes de la ley estadounidenses escuchaban, por medio de una intercepción de comunicaciones, mientras miembros de un cártel mexicano charlaban durante una llamada telefónica sobre una figura poderosa y sombría conocida como “El Padrino”.

Estos agentes se habían acercado a él durante meses y sospechaban que esta figura, central en el tráfico de drogas, era un alto funcionario del Ejército mexicano.

De repente, una de las personas vigiladas le dijo a sus compañeros del cártel que “El Padrino” estaba en la televisión en ese mismo momento.

Los agentes -según contaron cuatro funcionarios estadounidenses involucrados en la investigación- revisaron rápidamente para ver quién era y encontraron que se trataba del secretario de Defensa mexicano, el general Salvador Cienfuegos.

En ese momento, relataron las autoridades, finalmente confirmaron que el patrón misterioso de uno de los cárteles de la droga más violentos del país era en realidad el líder encargado de librar la guerra de México contra el crimen organizado.

Fue una muestra impresionante de cuán profundos eran los zarcillos del crimen organizado en México.

El jueves por la noche las autoridades estadounidenses detuvieron a Cienfuegos en el aeropuerto de Los Ángeles mientras viajaba con su familia.

Incluso para México, un país habituado a la violencia y la corrupción implacables que se han apoderado de él durante años, el arresto fue nada menos que extraordinario, ya que rompió con el velo de invencibilidad que las Fuerzas Armadas de la nación habían disfrutado durante mucho tiempo.

Cienfuegos, Ministro de Defensa de México de 2012 a 2018, ha sido acusado de lavado de dinero y tráfico de heroína, cocaína, metanfetamina y mariguana desde fines de 2015 hasta principios de 2017, conforme a una acusación revelada hoy en el Distrito Este de Nueva York.

Los cargos son el resultado de una operación de varios años, la cual fue bautizada por los investigadores como “Operación Padrino”.

Las autoridades han aseverado que Cienfuegos ayudó al cartel H-2, un grupo criminal que cometió horribles actos de violencia como parte de su negocio de contrabando de drogas, con sus envíos marítimos.

A cambio de pagos lucrativos, relataron las autoridades, Cienfuegos también dirigió las operaciones militares de México a modo que no entorpecieran las actividades del cártel. Asimismo, coordinó algunas hacia los rivales de la agrupación delictiva.

La noticia no sólo ensombreció la lucha de México contra el crimen organizado, sino que también subrayó el alcance de la corrupción en los niveles más altos del Gobierno.

Cienfuegos fue Ministro de Defensa durante la Administración del Presidente Enrique Peña Nieto, quien dejó el cargo hace dos años.

Es difícil exagerar el daño a México. El arresto del general se produjo sólo 10 meses después de que otro alto funcionario del país latinoamericano -quien una vez dirigió el equivalente mexicano del FBI- fuera acusado en Nueva York de aceptar sobornos mientras estaba en el cargo para proteger al Cártel de Sinaloa, una de las mafias criminales más poderosas de México.

Dicho funcionario, Genaro García Luna, se desempeñó como jefe de la Agencia Federal de Investigaciones de México de 2001 a 2005, y durante los siguientes seis años fue Secretario de Seguridad Pública de México, un cargo a nivel de gabinete. En ese rol, tenía la tarea de ayudar al entonces Presidente, Felipe Calderón, a crear la estrategia de la nación para combatir los cárteles.

Si ambos individuos resultan condenados, significaría que dos de los comandantes de más alto rango y más respetados que hayan supervisado la guerra contra las drogas en México trabajaban con el crimen organizado y ayudaban a los cárteles que continúan matando a un número récord de mexicanos.

Los dos casos también han puesto en entredicho el papel estadounidense en la guerra contra las drogas. Durante años, los funcionarios estadounidenses han ayudado a moldear y financiar las estrategias de México y han confiado en sus homólogos mexicanos para operaciones, inteligencia y una amplia cooperación de seguridad.

Si las acusaciones se mantienen, algunos de esos mismos líderes mexicanos habrían jugado un doble juego.

“La dificultad de trabajar en México, donde tienes este nivel de corrupción, es que nunca sabes realmente con quién estás trabajando”, dijo Mike Vigil, ex jefe de operaciones internacionales de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos.

“Siempre existe la preocupación de que la Policía mexicana pueda comprometerlo a usted, comprometer a un informante o comprometer una investigación”.

Tanto García Luna como Cienfuegos ocuparon la cima del Gobierno cuando los homicidios se dispararon a niveles históricos, los cárteles de la droga declararon la guerra y las operaciones militares se expandieron.

Con una presencia voluble, Cienfuegos simbolizó el papel prominente que ha jugado el Ejército en México. A los comandantes se les concede una extraordinaria autonomía, rara vez se someten a presiones políticas y, por lo general, disfrutan de la protección del Presidente.

“Nunca ha habido un Ministro de Defensa detenido en México”, comentó Jorge Castañeda, ex Ministro de Relaciones Exteriores mexicano.

“El Ministro de Defensa de México es un tipo que no sólo dirige el Ejército y es militar, sino que reporta directamente al Presidente. No hay nadie por encima de él excepto el Presidente”.

Debido a ese poder y autonomía, los analistas han sospechado durante mucho tiempo de algunos líderes importantes de corrupción, cuyo estatus elevado les evitó ser investigados.

“Esto es muy importante”, consideró Alejandro Madrazo, profesor del CIDE.

“El Ejército se ha vuelto mucho más corrupto y abusivo desde que se declaró la guerra contra las drogas y por primera vez puede que no sean intocables, pero no por el Gobierno mexicano, por el Gobierno estadounidense”.

Este viernes, el Presidente Andrés Manuel López Obrador defendió al Ejército y denunció a los malos actores en él. Sin embargo, no estaba claro si López Obrador daría un paso atrás en cuanto a su fuerte dependencia al Ejército, cuyo rol ha expandido durante su Administración.

El Ejército mexicano ha sido una parte central de la seguridad nacional desde la lucha contra el narcotráfico en 2006, con soldados desplegados en las regiones invadidas por el crimen organizado. El Secretario de la Defensa supervisa ese esfuerzo.

El uso de soldados entrenados en combate pero no en tareas de policía ha conllevado problemas más allá de la corrupción. Con el Ejército al frente y el centro de la lucha contra el narcotráfico, el Gobierno mexicano no ha construido una fuerza policial eficaz.

En diciembre de 2017, México aprobó una ley de seguridad que cimentó el papel de los militares en la lucha contra las drogas, indignando a Naciones Unidas y grupos de defensa de derechos humanos.

Advirtieron que la medida conduciría a abusos, dejaría a las tropas en las calles indefinidamente, y militarizaría las actividades policiales en el futuro previsible.

Cienfuegos jugó un rol crucial en convencer a los políticos para que aprobaran la ley, que dio al Ejército permiso legal para hacer lo que llevaba haciendo por una década sin autorización explícita. En un punto, amenazó con retirar sus tropas de las calles, argumentando que no estaban entrenadas para seguridad doméstica y estaban expuestas legalmente.

El Ejército ha sido señalado repetidamente por abusos de derechos humanos y el uso de fuerza excesiva, incluidas acusaciones de asesinatos extrajudiciales que acosaron a las fuerzas armadas durante el mandato de Cienfuegos como Ministro de Defensa.

Fuente: Azam Ahmed y Alan Feuer/NYT News Service
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