A CASI AÑO Y MEDIO DE LA GESTIÓN DE CUAUHTÉMOC BLANCO; EL TIEMPO QUE YA NO REGRESA…

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Febrero 14 de 2020

El gobernador de Morelos, Cuauhtémoc Blanco Bravo, cumplió el 1 de octubre de 2019 su primer año como titular del Poder Ejecutivo estatal. Inmediatamente entró a su segundo año de gestión administrativa. Es decir: el 1 de marzo próximo, o sea dentro de 16 días, habrá consumido cinco meses de ese lapso.

Pero, ni duda cabe: desde la campaña preelectoral rumbo a las elecciones del 1 de julio de 2018, hasta ayer, al momento de leer en el Centro Cultural Teopanzolco el mensaje alusivo al Informe que por la mañana entregó al Congreso un funcionario gubernamental de medio pelo (me parece que ni siquiera se trató del mentado informe, sino de una versión actualizada del Plan Estatal de Desarrollo), Cuauhtémoc Blanco continúa con el discurso impugnativo hacia ciertos actores políticos de Morelos, a quienes parece odiar.

No ha abandonado la competencia electoral que cada día va quedando lejos, lejos en el inexorable paso del tiempo y en el registro de nuevos hechos históricos. Desde luego, insiste en la grave promesa de campaña de meter a la cárcel a Graco Ramírez, a quien sigue culpando del crítico escenario financiero sobre el cual casi ha naufragado su gobierno.

La dualidad de su discurso impugnativo en momentos que ya se fueron y la convocatoria emitida ayer para lograr la unidad y el trabajo coordinado a favor del bienestar ciudadano, envía señales confusas. Él mismo permanece situado al lado de la confrontación, la intolerancia y la soberbia. Por ello, sus exhortos serán de difícil consecución, a menos de que haya aprendido, en casi un año y medio, que la política no es igual al fútbol.

Es indudable el dominio que Blanco Bravo tiene sobre el balón, en canchas atiborradas por miles y miles de inchas, pero eso y la fama no tienen ninguna relación con el arte de la negociación, del diálogo, de los acuerdos y de jamás abordar esta difícil disciplina humana –la política- como si se tratase de un asunto personal, porque han de saber ustedes que el gobernador Blanco todo se lo toma personalmente. Por eso siempre proyecta estar a la defensiva, dispuesto al ataque, emulando los roces contra sus adversarios en los mejores estadios del mundo. Son frecuentes sus expresiones de “ese cabrón me cae mal” que, escuchadas por torpes cancerberos suyos, siempre dispuestos a secundar a su patrón, exhiben hacia el exterior a un gobierno orgánicamente disfuncional.

El texto leído la víspera por Cuauhtémoc Blanco fue el mismo de la mayoría de sus antecesores. Es decir, un listado de presuntos resultados y buenos deseos para conseguir el desarrollo integral de Morelos, lo cual anhelamos e imploramos a Dios todos los nacidos en esta bendita tierra.

Desde el punto de vista del mandatario, las asignaturas pendientes son las mismas del 1 de octubre de 2018: recuperar la paz social, disminuir la violencia, combatir la corrupción, reactivar el campo y reforzar áreas clave como salud y educación.

En su mensaje político, el ex seleccionado nacional aseguró que “nada ni nadie nos hará claudicar, ni traicionaremos la confianza que el pueblo depositó en nosotros”. Lo anterior tiene estrecha relación con la posición de sus detractores, quienes desde YA lo quieren ver fuera de la gubernatura. Sin embargo, vino el discurso dual con la siguiente expresión:

“A los actores y fuerzas políticas pido, no más rencores ni divisionismo; dejar a un lado intereses partidistas y velar todos por el bienestar de la ciudadanía (…) Hago un llamado a todos para conciliar y trabajar por un fin común. No es tiempo de seguir repartiendo culpas, sino de alcanzar soluciones”. Excelente en tribuna, pero, insisto, muy difícil de lograr si el “Cuauh” no cambia cuanto antes la actitud excluyente.

No se le desea a Cuauhtémoc Blanco el fracaso durante su paso por Morelos donde, según dijo ayer, se quedará para siempre. Así las cosas, podría obtener el respaldo de todos los morelenses, pero… le falta demostrar que ya no hace ostentación con su mayor fortaleza, que es la fama proveniente de una exitosa carrera futbolística. Le falta humildad.

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