EMERGENCIA SANITARIA NACIONAL ¿DE MANERA TARDÍA?

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Marzo 31 de 2020

Frente al ridículo hecho por el presidente Andrés Manuel López Obrador a nivel internacional en la pandemia del coronavirus COVID-19, andando como saltimbanqui de un lugar a otro y agregando este domingo en Badiraguato, Sinaloa, la pleitesía a Consuelo Loera Pérez, madre del narcotraficante y multiasesino Joaquín Guzmán Loera (alias “El Chapo”), el gobierno federal, por fin, declaró este lunes la emergencia sanitaria nacional, tal como lo hicieron otras naciones afectadas por la enfermedad hace ya varias semanas.

Los mexicanos deseamos no haber llegado tardíamente a esta etapa, previa a la fase tres, donde se espera un escenario catastrófico. Recuerdo algo que leí ayer en alguna red social: “Lo más difícil ha pasado; ahora viene lo cabrón”.

Desde la semana anterior, hasta la víspera, hemos sido testigos del estado voluble de la administración lopezobradorista frente al coronavirus. Quien ha pagado los platos rotos es el subsecretario de Salud, Hugo López-Gattel, quien por cierto fue un magnífico investigador en el Instituto Nacional de Salud Pública con sede en Cuernavaca. Dicho personaje, a juzgar por las apariencias, fue obligado a actuar conforme al estado frenético del presidente, quien durante semanas y semanas minimizó la pandemia, inclusive con chistes muy malos en las conferencias de prensa mañaneras.

Lo peor fue constatado por millones de mexicanos este domingo, cuando López Obrador frenó el convoy que le acompañaba en su gira por Badiraguato, descendió de su camioneta y se dirigió al lujoso vehículo donde se encontraba Consuelo Loera Pérez, a quien saludó con camaradería, hablándole de tú y confirmándole que ya leyó su carta, la cual, según supimos ayer lunes, contiene la solicitud de la señora a López Obrador para que le ayude a conseguir una visa humanitaria, a fin de viajar a Estados Unidos porque quiere ver a su hijo, separado de ella hace cinco años. Y como la mamá de “El Chapo” tiene 92 años de edad, el presidente aceptó ayudarla por razones “humanitarias”. La carta, además, le pide gestionar la repatriación del narcotraficante, presuntamente trasladado a la Unión Americana de manera ilegal. Como López Obrador es un gran ser humano –así se autonombró ayer en la conferencia mañanera- va a intervenir ante el gobierno de Donald Trump.

En base a la semiología podríamos interpretar lo sucedido en Badiraguato de mil formas, pero me parece que los principales símbolos impactan negativamente en la confianza, con un grave daño en la credibilidad y honestidad de que tanto presume López Obrador. Por eso, debido a la desconfianza, y al ver al presidente de un lugar a otro paseando como vacacionista en plena emergencia sanitaria, millones de mexicanos no creen que la pandemia es real y pudiese causar una gravísima devastación en la nación mexicana, simple y sencillamente porque nuestro sistema de salud es endeble. Espero que la emergencia sanitaria declarada ayer por el Consejo Nacional de Salud surta efectos y la fase tres del coronavirus COVID-19 no pegue como sucedió en Italia y España, en cuanto a muertes y debacle económica.

Muchas veces los funcionarios mexicanos parecen ignorar nuestra historia y la cultura nacional. López Obrador, según podemos apreciar, ignora que el factor cultural más importante que contribuye al estilo político mexicano, la conformación de la administración pública y la relación de ambos con la sociedad es la naturaleza que tiene la confianza en nuestro pueblo.

Samuel Ramos, en su clásica obra “Perfil del hombre y la cultura en México”, lo dejó suficientemente claro:

“El aspecto más notorio del carácter mexicano es, a primera vista, la desconfianza. Esta actitud subyace en todos los contactos con hombres y cosas. Está presente haya o no motivo para la misma. Es más bien un asunto de desconfianza irracional que surge de lo profundo de su ser. Casi es su sentido primordial de la vida. Ya sea que las circunstancias lo justifiquen o no, no hay nada en el universo que el mexicano no vea y evalúe a través de su desconfianza. Es como una forma a priori de su excesiva susceptibilidad. El mexicano no desconfía de cualquier hombre o mujer en particular, desconfía de todos los hombres y de todas las mujeres”.

Inmersos en la alternancia del poder y más allá de las ideologías partidistas, nadie puede negar que esa desconfianza ha llevado a la impugnación de todas las instituciones mexicanas, lo cual no es una exageración. Nuestra sociedad experimenta un proceso de cambio permanente que abarca fenómenos tangibles tanto en grandes, como en pequeños grupos, y se manifiesta en todos los campos de la actividad humana (familiar, educativo, económico, político, religioso, etc.).

Infortunadamente para la inmensa mayoría de los mexicanos, incluidos quienes de alguna forma u otra reciben subsidios federales, López Obrador no se colocó a la altura de las circunstancias en la emergencia sanitaria nacional. Todo lo ha subestimado dejando de cumplir su función de estadista dentro de la sociedad, tornándose en un personaje histriónico, considerando que un histrión es equiparable a un payaso.

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