NO ES LO MISMO SER UN BUEN HOMBRE, QUE PASAR A LA HISTORIA COMO UN MAGNÍFICO GOBERNADOR

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Enero 17 de 2020

Cuauhtémoc Blanco Bravo arribó a Cuernavaca en enero de 2015 proveniente de Puebla, tras cumplir su contrato con el equipo de La Franja y retirarse de la vida futbolística el 23 del mismo mes y año durante un partido contra las Chivas Rayadas del Guadalajara, que ganó su escuadra con marcador de 4-2. Tenía entonces 42 años de edad, quien siempre ha sido considerado un ídolo deportivo y que militó 23 años en los clubes América, Necaxa, Valladolid, Veracruz, Chicago Fire, Santos Laguna, Irapuato, Sinaloa, Lobos BUAP y Puebla.

Nadie en su sano juicio podrá escatimarle a Cuauhtémoc Blanco su exitosa carrera dentro del balompié mexicano y en otras partes del mundo. Su nombre está registrado entre los grandes del fútbol a nivel internacional.

Sin embargo, no se equivocaron los sabios que acuñaron las frases “origen es destino” y “lo que mal empieza, mal acaba”, aplicables al caso del ahora titular del Poder Ejecutivo morelense por donde se vea. Dejó una exitosa carrera deportiva para meterse a otra actividad, la política, que no respeta escrúpulos. No obstante, lo hizo por dinero, por un lucrativo contrato de ocho millones de pesos pactado con el Partido Social Demócrata de los hermanos Roberto y Julio Yáñez Moreno para ser candidato a la presidencia municipal de Cuernavaca. Ese pacto se lo debió a José Manuel Sanz Rivera, hoy jefe de la Oficina de la Gubernatura, español naturalizado mexicano en 1982, quien lo ha representado durante dos décadas como un excelente mánager. Sanz dejó su cómoda vida en Houston, Texas, para venir al Ayuntamiento a cobrar miserables 32 mil pesos, según él mismo se quejó algún día.

Lo anterior, es decir el hecho de que el “Cuauh” hubiese incursionado en la grilla, me hace recordar una expresión del mejor gobernador que ha tenido Morelos, Don Lauro Ortega (1982-1988), bajo el siguiente tenor: “La responsabilidad de estar al frente del Poder Ejecutivo es muy complicada, pues gobernamos a hombres, no a ángeles”. Desde mi modesta opinión, le faltó decir: “Tenemos en derredor nuestro a verdaderos diablos”. La política es el arte de tragar sapos y saborearlos sin hacer gestos.

Imaginen ustedes: aquello fue dicho por un hombre que conoció al general Lázaro Cárdenas y trabajó para él en diversas dependencias del gobierno federal. Asimismo, fue asesor legítimo de otros presidentes. En lo personal me consta cómo cumplió esa labor con José López Portillo, Miguel de la Madrid y una parte del sexenio de Carlos Salinas de Gortari.

A escasas semanas de su arribo a Cuernavaca, cuando se pegó en la frente una nueva credencial de elector conseguida gracias a documentos apócrifos de residencia en Cuernavaca, Blanco Bravo comenzó a pelearse con los políticos locales, poniendo énfasis a su pasado deportivo y confiando en su reconocida popularidad, la cual lo llevó a la alcaldía de Cuernavaca, aunque con problemas, pues no arrasó como los hermanos Yáñez Moreno lo habían previsto. Y alguien con quien se peleó, pero gacho, fue con el entonces gobernador Graco Ramírez y los miembros del Congreso local. Siempre se colocó al lado de un presunto “gobierno ciudadano”, alejado de la política (según su propia creencia), cuando en realidad había aceptado llevarse a las patadas, pero no equiparables a las recibidas en las canchas, sino a otras que hoy en día lo tienen sobre un escenario delicado y complicado.

Un día sí y otro también, el “Cuauh” demuestra impericia política y fastidio de estar a fuerzas en una grave responsabilidad que, aunque es muy redituable (sobre todo a partir de negocios discrecionales), sí le podría acarrear graves problemas en el futuro, a partir (por ejemplo) de la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos, en cuanto a lo que conocemos como acciones y omisiones. Muchas, muchísimas veces, Blanco Bravo ha sido omiso, pero como en esta entidad no tiene contrapesos, nadie ha procedido a denunciarlo ante los órganos competentes.

Ayer, una vez más, Blanco Bravo expresó su fastidio cuando algún reportero le preguntó si este año acudirá a las reuniones sobre seguridad en Ciudad de México, pues según los datos presentados por Alfonso Durazo Montaño, secretario de Seguridad Pública y Protección Ciudadana Federal, son escasas las ocasiones en que el gobernador de Morelos ha acudido a esos encuentros. Molesto, respondió: “Durazo debe ver las fotografías, ahí estoy, aunque sí, sí he faltado por tener otros compromisos”.

A pesar de todo lo antes expuesto, es importante subrayar que Cuauhtémoc Blanco es un buen hombre, buen amigo de sus amigos, entre quienes ocupa aun primer lugar el varias veces citado José Manuel Sanz Rivera, quien poco le ha ayudado para conseguir la operación política del régimen. Al contrario: los pleitos más significativos del ex seleccionado nacional contra bien identificados personajes de Morelos se los ha patrocinado su antiguo manejador.

La víspera, una vez más, el secretario de Gobierno, Pablo Héctor Ojeda, se presentó como el gran solucionador del conflicto entre Blanco y el alcalde de Cuernavaca, Antonio Villalobos Adán. Ambos, junto con el Comisionado Estatal de Seguridad, José Antonio Ortiz Guarneros, se reunieron para analizar el perfil del próximo titular del ramo en la capital morelense, entre otros aspectos relacionados con el Mando Coordinado de Policía Morelos. Los tres aparecieron sonrientes ante las cámaras, cosa que no sucedió cuando Sanz Rivera tuvo a su cargo importantes decisiones. El español que muchas veces exigió al equipo de logística del gobierno estatal ser situado al lado derecho de Cuauhtémoc Blanco, ha sido virtualmente desplazado, lo cual se inserta en un proceso natural de renovación en el verdadero control del Poder Ejecutivo. Así de dinámica debe ser la función pública.

Una fuente de la 24ª. Zona Militar me soltó que el 1 de agosto de 2019, al celebrarse el Día del Ejército, Sanz exigió ser colocado al lado del gobernador, como siempre, pero el Estado Mayor de dicha demarcación castrense lo rechazó. Tenía otro diseño del presídium. Fue tal la furia del español, que le propuso a Blanco no acudir al evento, por ser “innecesario”. Empero, cupo la prudencia en el mandatario y acudió a la cita con quienes hoy, precisamente, coordinan las acciones más eficaces contra el crimen organizado, es decir, los representantes de la Secretaría de la Defensa Nacional radicados en Morelos.

Cuauhtémoc Blanco Bravo es el gobernador, ahora apoyado por un grupo cuyo objetivo es aplicar medidas preventivas y no contingentes de gobernabilidad. Y hoy, cuando se acerca su informe de gobierno (me parece que lo entregará al Congreso el 5 o 6 de febrero), debe comenzar a pensar con el cerebro (político) y no con el corazón. Don Lauro Ortega, a quien he citado muchísimas veces, desde el comienzo de su gobierno decidió colocar a sus amigos lejos de él, aunque nunca los desprotegió. Asignó a políticos profesionales la coadyuvancia para ayudarle a conducir el estado y a verdaderos expertos en administración pública la marcha del Poder Ejecutivo. Hay una gran diferencia entre ser un buen hombre y pasar a la historia como un magnífico gobernador.

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