RETORNA LA POLITIZACIÓN DE LA SEGURIDAD EN LA “ERA BLANCO”

GC NOTICIAS. Enero 25 de 2019.
Por Arturo Buendía

El jefe de la Oficina de la Gubernatura de Morelos, José Manuel Sanz Rivera, declaró que el tema de la seguridad pública está convertido en botín político. Y lo mismo manifestó el gobernador Cuauhtémoc Blanco, corroborando su encono hacia hombres y mujeres de la vida pública local que, de nuevo en nuestro devenir histórico, encontraron en la delicada e interminable problemática elementos discursivos para impugnar a quienes controlan el Poder Ejecutivo.

Con su típico desparpajo, Blanco declaró que es difícil combatir la inseguridad pues “hay un chingo de delincuentes”. Obviamente, su dicho no fue tomado en serio, pero sí lo relacionaron con su típica declaración de “no me dejan trabajar” y a la costumbre de culpar a otros, sobre todo a quienes ya no están, de los presentes procesos políticos, económicos y sociales.

Sin embargo, lo anterior no es nada nuevo, pues hemos constatado el mismo escenario desde el gobierno de Sergio Estrada Cajigal (2000-2006) hasta nuestros días.

A partir del momento histórico que le tocó a SECR se acentuó la inseguridad proveniente del cuatrienio de Jorge Carrillo Olea (1994-1998), cuando comenzaron a arraigarse los jefes modernos del crimen organizado. Pero la politización como tal, repito, comenzó en el régimen panista de Estrada Cajigal.

En octubre del año pasado fui invitado a un convivio con el vicealmirante José Antonio Ortiz Guarneros, titular de la Comisión Estatal de Seguridad Pública de Morelos, teniendo como escenario el C-5 de Palo Escrito, en el municipio de Temixco.

Ahí salió el tema de la política mezclada con la seguridad. Por ende se le anticiparon al vicealmirante los actuales escenarios impugnativos hacia las políticas implementadas por el gobierno morelense en contra de la delincuencia común y organizada. Es decir: todo será cuestionado, invalidado, agredido y hasta borrado, por más resultados que pudiera ir obteniendo la actual administración en tan difícil contexto.

La politización de la seguridad surge entre la desesperación social y el oportunismo político. Hoy por hoy, nadie puede negar que haya un repunte en la incidencia delictiva de Morelos. No es posible pretender tapar el sol con un dedo. La inseguridad volvió a nuestro territorio y hay amenazas sobre un descontrol de la violencia.

Analizando el fenómeno a partir del pesimismo ciudadano inferimos que la seguridad es fundamental para el desarrollo del ser humano desde su nacimiento y durante las diferentes etapas de la vida. Es un instinto natural.

Y según nuestro marco constitucional es obligación del Estado mexicano garantizar la seguridad pública, lo que muchas veces no sucede.

La realidad nacional demuestra que la inseguridad supera por mucho las acciones gubernamentales en la materia. Es, pues, un mandato constitucional incumplido aún y cuando se hacen esfuerzos para enfrentarla, mientras la zozobra y percepción de indefensión están presentes.

Pero hay algo más, padecido por las autoridades de los tres órdenes de gobierno: la politización de la seguridad.

Los morelenses llevamos casi dos décadas observando dicha práctica: políticos y politiqueros de todas las tendencias partidarias convirtieron el tema en un recurso para apuntalar carreras y candidaturas. Aprovechan cualquier coyuntura para hacerse presentes, sin proponer jamás medidas concretas para resolver de fondo la problemática. Hablan por hablar.

En este sentido, se puede afirmar que el tema de la seguridad es claramente uno de los más sensibles y visibles para la ciudadanía, los medios de comunicación refuerzan la sensación de amenaza constantemente, y los políticos utilizan la temática para aumentar su apoyo popular y engrosar la cantidad de votos.

La politización de la seguridad es un fenómeno alarmante pues aleja la temática de la discusión de fondo, en el plano preventivo y de largo plazo, acercándola a discursos altamente populistas, orientados al control y mano dura, con limitados análisis que respalden su éxito, aún en el corto plazo.

¿Existe en Morelos una verdadera voluntad entre gobernantes y gobernados para enfrentar con seriedad los problemas de la violencia y la criminalidad? Mi respuesta es NO.

Existen muchas evidencias de que el tema se convirtió en una herramienta electoral efectiva y que la securitización de la política va de la mano con la propuesta de políticas públicas altamente represivas (incluida la presencia de las fuerzas armadas).

El juego político ha impactado a la esfera de la seguridad deteriorando las visiones técnicas más integrales, de mediano y largo plazo.

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