BULLYING Y POTENCIALES DELINCUENTES

PUNTO Y APARTE. Junio 10 de 2019.
Guillermo Cinta

Hace algunos años, cuando era conductor de Línea Caliente, recibí una denuncia de acoso escolar o bullying. Aquello ocurrió en la escuela primaria “Benito Juárez”, sita en el centro cuernavacense, donde varios alumnos de cuarto grado obligaron a tres compañeras suyas a beber un supuesto refresco que en realidad contenía orines. La dirección del plantel mandó traer a los padres de quienes cometieron tan reprobable acto a fin de que aplicasen las respectivas medidas disciplinarias, pero además les promovió apoyo psicológico.

Lo anterior quizás fue considerado una broma de mal gusto, pero no lo era.

El delicado asunto iba más allá, pues el acoso escolar se presenta en diferentes proporciones pudiendo causar daños irreversibles a sus víctimas.

En aquel tiempo también difundimos estadísticas respecto a la creciente cantidad de niños que ni siquiera habían alcanzado la pubertad cuando decidieron suicidarse debido precisamente a dicho hostigamiento.

Esto no es una exageración, sino la triste realidad padecida por una de las dos más importantes instituciones que conforman el tejido social. Me refiero a la escuela. La otra es la familia.

Cuando se impulsó en Morelos el Programa Empresas de la Mujer, varias veces me referí a uno de los factores que alteran la paz y estructura orgánica de las familias en nuestra entidad. Se trata de las madres solteras o en abandono, quienes carecen de recursos económicos para enviar a sus hijos a la escuela y ofrecerles mejores oportunidades de desarrollo.

Y es que en aquél tiempo se aplicó una encuesta dentro de las cárceles morelenses cuyos resultados fueron dramáticos. El 60 por ciento de los reclusos provenía (¿proviene?) de familias donde faltaba la figura paterna. Es obvio inferir que la inmensa mayoría de ese conglomerado fueron jóvenes que optaron por los actos ilegales para conseguir satisfactores económicos. De alguna forma u otra cayeron en las redes criminales.

DESINTEGRACIÓN FAMILIAR Y BULLYING

Ni duda cabe que la desintegración familiar ha dañado sobremanera el tejido social de Morelos. El acoso escolar o bullying está estrechamente vinculado con ello.

Para el “caso mexicano” suele afirmarse que la falta o pérdida de valores éticos en la familia, su desintegración y violencia dentro de ella; la pobreza, el desempleo, la drogadicción, la marginación y la discriminación, entre otros factores, conducen hacia la delincuencia.

Para nuestro infortunio, no se ha emprendido un estudio longitudinal que permita determinar estadísticamente qué factores específicos están favoreciendo su desarrollo y cómo podría inhibirse su aparición.

Otros países han desarrollado proyectos ambiciosos, como las “Encuestas Longitudinales”.

Es probable que este tipo de estudios no signifique nada para usted, amable lector, pero sí representa algo para quienes laboran en los múltiples centros de investigación científica asentados aquí. Ningún sociólogo desconoce los alcances de dichas encuestas, aplicadas a plazos largos.

¿Qué son? Consisten en tomar una muestra de un grupo de niños menores de 10 años en alguna ciudad y seguirlos hasta la edad adulta para identificar quiénes se convierten en delincuentes y qué factores los distinguen de aquellos que no lo hacen.

Un objetivo central es precisar qué factores específicos predicen el desarrollo del crimen en la infancia. El problema para México es que tales encuestas no forman parte de ninguna política pública tendiente, entre otras cosas, a reconstruir el tejido social o para prevenir el delito.

Empero, en Inglaterra se aplicó la encuesta a 411 niños de entre 8 y 10 años de educación primaria, contactados en la zona urbana de Londres.

Llenaron cuestionarios y fueron examinados a la edad de 8, 10 y 14 años; y luego fueron encuestados a la edad de 16, 18, 21, 25 y 32 años. Según el director del programa, en todas las entrevistas fue posible contactar a casi toda la muestra (95 por ciento). También se encuestaron a los padres al menos una vez al año desde los 8 hasta los 15 años de edad y a los maestros de los niños a la edad de 8, 10, 12 y 14 años.

Durante el estudio se buscaron, en la oficina central de registros criminales de Londres, antecedentes penales de los integrantes de la muestra, así como de sus padres, hermanos, esposas, concubinas o pareja.

Al final, el 20 por ciento (1 de cada 5) de los individuos registraron antecedentes penales por delincuencia juvenil, y un tercio (153 o 37 por ciento) antecedentes penales de adultos hasta la edad de 32 años.

PRONOSTICADORES DE DELINCUENCIA

Según al análisis de regresión, los más importantes pronosticadores de delincuencia a la edad de 8 y 10 años se ubicaron en seis categorías:

1) Comportamiento antisocial del niño, que incluye conflictividad, deshonestidad y agresividad;

2) Hiperactividad, impulsividad y déficit de atención;

3) Pobre desempeño académico;

4) Familiares delincuentes (padres convictos, hermanos mayores convictos y hermanos con problemas de conducta);

5) Pobreza familiar (bajo ingreso, numerosa y descuidada casa-habitación); y

6) Una pobre técnica de los padres para criar al niño (severa y autoritaria disciplina, pobre supervisión de las actividades del niño, conflicto entre los padres y separación de estos con el niño).

Esta categorización resultó ser el más importante pronosticador de delincuencia a la edad de 8 y 10 años.

¿Alguno de los seis pronosticadores se adapta al caso de algún conocido o familiar suyo?

Muchos de los infantes que cometen acoso escolar o bullyng se insertan en la problemática que los psicólogos sociales identifican como trastorno de personalidad antisocial. Luego seguiré con este tema. Sin embargo, a continuación enumero los principales rasgos del trastorno de personalidad antisocial, a ver si usted identifica alguno:

A) Despreocupación ante los sentimientos de otros.
B) Actitud persistente de irresponsabilidad.
C) Desatención de normas sociales, reglas y obligaciones.
D) Incapacidad para mantener relaciones pacientes.
E) Tolerancia muy baja hacia la frustración.
F) Un umbral bajo para la descarga de agresión, incluso la violencia.
G) Incapacidad para experimentar culpa y ganar de la experiencia, particularmente el castigo.
H) Marcada propensión para culpar otros, u ofrecer justificaciones para la conducta que ha expuesto el sujeto en el conflicto con la sociedad.
I) Irritabilidad persistente como un rasgo asociado.

El desorden de la conducta antisocial surge durante la niñez y adolescencia, persistiendo en forma marcada en la edad adulta.

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