DECADENCIA DE LA INDUSTRIA DE LA CONSTRUCCIÓN EN MORELOS

CINTARAZOS
Guillermo Cinta
Noviembre 7 de 2019

El desarrollo económico de México no puede concebirse sin la evolución de la industria de la construcción y viceversa.

Todos los estados se encuentran involucrados y lo que afecte al sector repercute en las 72 ramas de actividad económica que contiene la Matriz de Insumo Producto (dentro del PIB nacional), destacando entre ellas las industrias básicas de hierro o acero; otros productos de minerales no metálicos; la industria cementera; los aserraderos; las canteras y minas de arena, grava y arcilla; la fabricación y arrendamiento de maquinaria y equipo no eléctrico, y otros productos metálicos e industrias químicas.

La Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC), a través de su Coordinación de Economía y Estadística, elaboró un estudio sobre la construcción y su trascendencia como actividad clave para el desarrollo del país.

Ahí se explica la correlación entre la industria y la economía, pero además el impacto negativo de la crisis financiera internacional sobre nuestro país.

Es evidente que Morelos enfrenta graves perjuicios económicos ante la falta de grandes obras de infraestructura y la pésima administración de los escasos recursos disponibles.

En otras columnas he comentado respecto a los subejercicios de determinadas partidas presupuestales, como ocurrió con el financiamiento federal destinado al sector educativo local.

Las constructoras ya no viven períodos de bonanza como en antaño, cuando fueron cobijadas por la política económica del momento, como en la etapa de 1940-1976, pero también ha padecido los golpes de las crisis de 1982-1988 y 1995-1996, cuando el país replanteó sus esquemas de crecimiento y experimentó la globalización mundial.

Cualquier semejanza con circunstancias actuales no es coincidencia, sino la deplorable realidad que, al no existir políticas contingentes, está profundizando la ya de por sí delicada descomposición del tejido social. Las consecuencias son graves, afectando uno de los derechos inherentes del ser humano: el empleo, pues se trata de una industria que demanda mucha mano de obra.

Abundan los informes del INEGI referentes al decaimiento de la industria de la construcción. Durante el primer trimestre de 2019 el personal ocupado en el sector a nivel local disminuyó 5.4 por ciento a tasa anual, debido a menores obras de edificación, ingeniería civil u obra pesada. La Encuesta Nacional de Empresas Constructoras detalló que en dicho lapso el número de empleados presentó un descenso de 7.0 por ciento y el de obreros un 5.0 por ciento. Me parece que esas cifras son conservadoras, pues el grave desempleo es palpable por todos lados.

Nuestro estado prácticamente no aporta nada al PIB nacional en torno a la industria de la construcción. Todo parece indicar que 2019 terminará sin cambios sustanciales. Por entidad, las principales aportaciones al valor total de la obra construida correspondieron a Nuevo León, Distrito Federal, Estado de México y Veracruz. Le siguieron Tamaulipas, Campeche, Jalisco, Puebla, Chihuahua, Quintana Roo, Tabasco y Coahuila de Zaragoza. Estas entidades, en conjunto contribuyeron, con 70.5 por ciento del valor producido.
Las entidades restantes agregaron el 29.5 por ciento de dicho valor, siendo Tlaxcala, Colima, Morelos y Oaxaca las que menos participaciones tuvieron.

Conclusión: el horizonte morelense, en cuanto a la oferta de empleo y dinamismo económico, se vislumbra sombrío, de mucho pesimismo para 2020. El problema es que la falta de crecimiento y desarrollo económico siempre van aparejados con el incremento de la incidencia criminal.

------------
loading...

(Visited 28 times, 1 visits today)

Comentarios en Facebook