DECADENTE INDUSTRIA DE LA CONSTRUCCIÓN (PRIMERA PARTE)

CINTARAZOS
Guillermo Cinta
Noviembre 6 de 2019

La falta de infraestructura es evidente en nuestra entidad, pero cuando los tres órdenes gubernamentales buscan consolidar proyectos, de inmediato surgen voces y acciones contrarias. Sistemáticamente aparecen saboteadores, de todos los colores y sabores.

Antes de continuar me referiré a lo que es la infraestructura, realización humana diseñada y dirigida por profesionales de arquitectura, ingeniería civil, urbanistas, etcétera, que sirven de soporte para el desarrollo de otras actividades y su funcionamiento, necesario en la organización estructural de las ciudades, comunidades y empresas. Es la infraestructura que se ha descuidado en los ayuntamientos de Morelos por diferentes causas, empezando por las penurias financieras y la corrupción.

El vocablo es utilizado habitualmente como sinónimo de obra pública por haber sido el Estado el encargado de su construcción y mantenimiento, en razón de la utilidad pública y de los costos de ejecución, generalmente elevados.

Comprende: la infraestructura de transporte terrestre (avenidas, carreteras o autopistas, líneas de ferrocarril y puentes); la aérea (aeropuertos con todos sus implementos); la energética: redes de electricidad (alta, media y baja tensión, transformación, distribución y alumbrado público); redes de distribución de calor (calefacción urbana); redes de combustibles (oleoductos, gasoductos, concentradoras, distribución); otras fuentes de energía (presas eólicas, térmicas, nucleares, etcétera); hidráulicas (redes de agua potable, embalses, depósitos, tratamiento y distribución); redes de desagüe (alcantarillado o saneamiento y estaciones depuradoras); redes de reciclaje (recolección de residuos, vertederos, incineradoras, etcétera); infraestructura de telecomunicaciones (telefonía fija); redes de televisión de señal cerrada; repetidoras, fibra óptica y celdas de telefonía celular; y la infraestructura de usos (vivienda, comercio, industria, salud, hospitales, educación, colegios y universidades, recreación parques y jardines).

A Cuernavaca y otras regiones morelenses les urgen dichas infraestructuras para mejorar su competitividad nacional, pero cuando hay avances surge el sabotaje político con el objetivo de destruir al contrario, a veces mediante el “fuego amigo”. Lo partidario aparece siempre.

Morelos perdió la poca calidad de vida, siendo reprobado en 9 de los 11 indicadores que la OCDE utiliza para medir el índice de Mejor Vida: Gobierno, Medio Ambiente, Comunidad, Salud, Vivienda, Empleo, Ingreso, Educación y Seguridad.

No voy a referirme a todos, pero destaco que en materia de gobernabilidad, y más concretamente en el rubro de Estabilidad Política y Ausencia de Violencia, estamos peor que hace diez años y muy por debajo, por ejemplo, de entidades como Guerrero y Oaxaca.

La incidencia delictiva crece en promedio anual 14.8 por ciento. La economía, por el contrario, no crece lo suficiente y cuando lo hace lo hace de manera muy desigual y precaria.

El desarrollo económico de Morelos no puede concebirse sin la evolución de la industria de la construcción y viceversa. Lo que afecta al ramo repercute en las 72 ramas de actividad económica que contiene la Matriz de Insumo Producto (dentro del PIB nacional), destacando entre ellas las industrias básicas de hierro o acero; otros productos de minerales no metálicos; la industria cementera; los aserraderos; las canteras y minas de arena, grava y arcilla; la fabricación y arrendamiento de maquinaria y equipo no eléctrico, y otros productos metálicos e industrias químicas. En resumen: Morelos está bastante jodido.

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