¿DESCOMPOSICIÓN DEL TEJIDO SOCIAL O ESTADO FALLIDO?

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta
Noviembre 26 de 2019

Los mexicanos llevamos más de 20 años escuchando que la inseguridad pública tiene su origen en la descomposición del tejido social, cuyas dos células fundamentales son la familia y la escuela.

Determinados gobernantes arguyen que se trata de un tema “multifactorial”, desde luego ante su incompetencia para resolverlo. Sin embargo, todo apunta a que nuestros presuntos líderes han sido rebasados por las bandas criminales demostrando la existencia de un estado fallido.

Efectivamente: ambas instituciones, la familia y la escuela, están en crisis y han contribuido a la degradación gradual de todo el conjunto de nuestra sociedad.

No obstante, tal situación crítica no parte de una inclinación natural al desastre, sino de determinados factores que han erosionado sus bases, que el cine nacional proyectó con gran orgullo durante su época dorada.

Algunos sociólogos ubican a la situación económica como primer factor de corrosión.

Dicho escenario apareció después de varios sexenios de “desarrollo estabilizador” (tan socorrido por AMLO) y el comienzo del liberalismo económico propugnado por una pléyade de gerentes públicos incrustados en los más altos niveles del gobierno federal (también aludido a diario por el presidente).

El resultado: desempleo, aumento del ocio, apatía, incertidumbre, miedo, depresión, múltiples expresiones de actos ilegales para la obtención de dinero y violencia intrafamiliar.

Sumemos la revolución tecnológica, que impactó las bases de familias surgidas a finales de los años sesenta, principales destinatarias de la “era digital” con la cual se conectaron enormes extensiones del globo terráqueo.

La principal característica de tal desfase fue una brecha de comprensión entre las generaciones implicadas, propiciando un fenómeno social cuya resultante ha sido el individualismo. Un ejemplo de lo anterior son los teléfonos celulares y demás dispositivos móviles.

Otras circunstancias tienen estrecha relación con la imposibilidad de adquirir viviendas dignas, más allá de las que ofensivamente promueven los grandes desarrolladores inmobiliarios; tratándose de cuartitos donde los niños permanecen enclaustrados o son obligados a salir a la calle, donde lo que menos existen son espacios diseñados para la recreación. Las familias duermen apiladas, codo con codo, en sitios donde llegan a vivir otras con orígenes sociales diversos y hasta contrapuestos.

El tejido social se integra con todas las unidades básicas de interacción y socialización de los distintos grupos y agregados que componen una sociedad; es decir, por las familias, las comunidades, los símbolos de identidad, las escuelas, las iglesias y en general las diversas asociaciones. Ya señalamos que la familia y la escuela están en crisis. Pero, ¿cómo se encuentra el resto? También en descomposición.

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