DESCOMPOSICIÓN SOCIAL Y DEGRADACIÓN HUMANA; EL ASESINATO DE UNA NIÑA EN CUERNAVACA

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta
Agosto 12 de 2019

La descomposición social se presenta cuando están rotos los esquemas y órdenes establecidos, y se vulneran los códigos creados por la misma sociedad a través del tiempo. Son circunstancias y hechos que laceran la dignidad de todos por igual.

El resultado es un escenario donde la sociedad ya no sabe a quién encomendarse ante la pérdida de los órdenes públicos, porque se desmoronaron los valores éticos y morales.

Para alcanzar la actual descomposición social, a lo largo y ancho nacional, debieron confluir algunos factores.

Comparando lo que acontece en Morelos y otras regiones, con hace aproximadamente 20 años, los niveles de contaminación, desempleo, falta de poder adquisitivo, violencia, inflación, corrupción, degradación de los valores humanos, consumismo, drogadicción, etcétera, son mayores.

Lo anterior ha traído como consecuencia la pérdida de la capacidad de asombro al momento de que se presenta tal o cual delito, pues nos acostumbramos a escuchar lo sucedido día a día de manera natural, sean uno o diez asesinatos los que se cometan.

Sin embargo, permanecer sobre tal escenario en nuestra cotidianeidad nos condujo a verlo con frialdad e indiferencia conduciéndonos a la deshumanización.

Además, las autoridades de los tres órdenes de gobierno, al estar paradas frente a tan lamentables estado de cosas, tienden a hacerse de la vista gorda y por esa vía se hacen cómplices del delito, estimulando la degradación humana, porque la permisibilidad excesiva propicia impunidad e inseguridad.

Nadie se siente seguro en ningún lugar.

Desde mi particular punto de vista también tenemos ante nosotros una creciente degradación humana, cuyas patologías van en aumento. El miedo y la opresión son tan fuertes que se hace difícil, imposible de vivir y, en ocasiones, para coexistir con escasa dignidad.

Todo lo antes dicho me sirve como preámbulo para referirme a lo sucedido el sábado en una vivienda de la calle Jesús H. Preciado en la colonia Carolina de Cuernavaca, a la cual se introdujo un sujeto y atacó sexualmente a una niña de apenas seis años de edad, a quien, luego de consumar su incalificable acto, asestó varias puñaladas hasta matarla. Ahí se encontraba la abuela de la menor, quizás imposibilitada para defender a su nieta. No conforme con aquello, el asesino robó un tanque de gas, se lo colocó a cuestas y salió de la vivienda como si nada, sin ser detenido por nadie, según lo vimos en un video difundido por las redes sociales.

El artero asesinato de la pequeña generó gran indignación, al menos entre internautas y usuarios de las redes sociales, quienes una vez más, porque han hecho lo mismo en otros crímenes de alto impacto, exigieron el pronto esclarecimiento del homicidio y la captura del responsable, así como su castigo.

Surge entonces la inevitable pregunta, la cual se hacen millones de personas: ¿Cómo cambiar esto?

Muchos se responden que en definitiva no es posible cambiar tan cruel realidad y que querer hacerlo sólo está motivado por un sentimiento de culpa.

Cierto es que al ser parte de este sistema contribuimos también en su formación y a la vez nos hacemos responsables de las consecuencias. Empero, la culpa se argumenta para justificar la negación, dando como respuesta un “no se puede hacer nada”, o que la solución compete al Estado, los gobiernos, o instituciones como la Iglesia.

Respuestas de las más diversas que confluyen, desde el escepticismo, el desinterés, la impotencia o la comodidad, en la reproducción de esa película conocida de la indiferencia.

Por lo pronto, exigimos la pronta captura del asesino de la menor y su inmediata transferencia a la cárcel donde, infortunadamente para la sociedad que hoy exige justicia, podría llegar a estar en condiciones inmejorables atendido por el estado. Así de contradictorio es el sistema penal mexicano.

Estaremos atentos a los acontecimientos y después daremos los respectivos cintarazos.

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