DESDE LA INFANCIA SE GESTA UN DELINCUENTE

CINTARAZOS
Guillermo Cinta Flores
Agosto 13 de 2019

Cuando analizamos las circunstancias y factores que entregan a miles de jóvenes al crimen organizado, se concluye que desde su vida cotidiana se trató de sujetos con dificultades para relacionarse socialmente, sentimientos de inferioridad, temores, depresión, frustración y sensación de incertidumbre.

Cualquier semejanza con la conducta de muchos jovencitos a quienes conocemos no es coincidencia, sino parte de una realidad que se agravó durante las dos décadas pasadas sin las medidas preventivas adecuadas.

El fenómeno creció hasta niveles insospechados dentro de un caldo de cultivo fomentado y aprovechado por bandas delincuenciales.

Aunque la problemática afecta tanto a hombres como a mujeres, el índice de delincuencia entre los hombres es elevado desde edad temprana. Empiezan a los ocho años, pero delinquen con mayor frecuencia entre los 16 y 17.

Bajo una rigurosa interpretación psicológica, algunos científicos sociales encuadran este grave flagelo dentro del trastorno de personalidad antisocial.

Dicho “síndrome” es una condición caracterizada por el desprecio permanente a favor, y la violación de los derechos de los demás, que comienza en la niñez o la adolescencia temprana y continúa hasta la edad adulta. El engaño y la manipulación son características centrales de este trastorno.

A continuación describiré siete criterios que sirven para diagnosticar el trastorno de personalidad antisocial, cuyos signos aparecen desde edades tempranas. Son los siguientes:

1) Cuando no se ajustan las normas sociales con respecto de las conductas legales, según lo indicado por la realización de actos que son motivo de detención;

2) Deshonestidad, indicada por mentir repetidamente, utilizar un alias, estafar a otros para beneficio personal o por placer;

3) Impulsividad o incapacidad para planificar el futuro;

4) Irritabilidad y agresividad, según lo indicado por peleas físicas repetidas o agresiones;

5) Temerario desprecio por la seguridad de sí mismo y la de otros;

6) Irresponsabilidad persistente, indicada por la incapacidad de mantener un trabajo con constancia o de honor las obligaciones financieras; y

7) La falta de remordimiento, como lo indica la indiferencia o la justificación del haber dañado, maltratado o robado a otro.

El Instituto Nacional Electoral (INE) realizó en junio de 2015, simultáneamente al proceso electoral de aquel tiempo, una investigación donde se estableció que 45 mil 978 de los niños de entre 10 y 17 años que participaron en la Consulta Infantil y Juvenil, habían sido obligados a participar en grupos de la delincuencia y 204 mil 250 participaron en actos violentos.

En dicha consulta se detectó también que 40 mil 381 niños y jóvenes de entre 10 y 17 años admitieron haber sufrido violencia sexual.

A 334 mil 729 niños de entre 10 y 17 años se les había ofrecido droga.

A los 2 millones 825 niños y jóvenes encuestados se les preguntó qué tan seguros se sentían y en dónde, a lo que 95 mil 261 respondieron no sentirse seguros en sus casas, mientras que 363 mil 269 no se sentían seguros en la escuela. Etcétera.

Infortunadamente para la sociedad mexicana, la problemática sigue igual que en 2015 y crece en algunas regiones mexicanas. Y Morelos no es la excepción.

A pesar de los multimillonarios apoyos del gobierno federal y algunas administraciones estatales destinados a la juventud, el reclutamiento de adolescentes por el crimen organizado sigue implacable.

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