“EL CARRETE”: EL FIN DE UN REINADO SANGRIENTO

ARTÍCULO DE HÉCTOR DE MAULEÓN
El Universal/Agosto 13 de 2019

Intervenciones telefónicas, efectuadas alrededor de un grupo de proveedores de marihuana y amapola, indicaron a la Policía Federal que sicarios de Juan Castillo Gómez, El Teniente —uno de los jefes del narco en la sierra de Guerrero— le estaban sirviendo de escudo a uno de los hombres más buscados, el célebre Santiago Mazari Hernández, alias El Carrete, líder de Los Rojos.

Todo se precipitó: mientras el seguimiento de diversos celulares arrojó una ubicación en la zona serrana de Guerrero, narcomantas abandonadas en Morelos señalaron que Mazari, uno de los criminales más violentos y sanguinarios de México, se hallaba escondido en Corral de Piedra y Filo de Caballos, en las inmediaciones de Chichihualco.

En esa zona se estaban reportando cruentos enfrentamientos entre la gente del Teniente y guardias comunitarios de la FUSDEG, el Frente Unido por la Seguridad y el Desarrollo de Guerrero, al que se acusa de estar al servicio de una organización rival: el Cártel Jalisco.

El enfrentamiento había durado varios días. En la balacera quedó herido El Teniente, quien poco después murió desangrado (fue enterrado por su hermana y sus tres hermanos). El Carrete buscó refugio en la sierra. Logró pagar a unos pobladores para que le prestaran un camión de volteo e intentó salir de ahí en compañía de su gatillero: Marco Gerardo Paz, La Kika.

No llegó muy lejos. Un retén instalado por los comunitarios lo detuvo. A esa misma hora, marinos, militares y policías federales, peinaban los alrededores, buscándolo.

Un helicóptero de la Marina lo condujo a la Ciudad de México.

El grupo encabezado por El Carrete surgió como organización criminal hace una década, tras el abatimiento en Cuernavaca de Arturo Beltrán Leyva. El Carrete formaba parte del círculo de guardaespaldas de este capo. Aquella tarde, sin embargo, no se encontraba en la torre donde Beltrán y sus sicarios fueron acribillados. Había sido aprehendido en la entonces delegación Cuauhtémoc de la ciudad de México por posesión de armas de uso reservado. Esto le salvó la vida, y hundió a Morelos en una noche de secuestros, extorsiones, asesinatos y descuartizamientos.

Mazari Hernández fue liberado en 2010, tras pagar una fianza de 5 millones de pesos. La muerte de Beltrán lo convirtió en jefe de plaza de Amacuzac, Tetecala, Puente de Ixtla y Acatlán. Por lo demás, su tío, Alfonso Miranda, acababa de convertirse en presidente municipal de Amacuzac: esa relación fue crucial para él.

Los dos primeros líderes de Los Rojos —Crisóforo Maldonado y Antonio Román, apodados El Bocinas y La Moña— fueron ejecutados pronto. El Carrete se convirtió en dueño absoluto del estado. Entre 2010 y 2012 el secuestro creció en Morelos 58 por ciento. Los homicidios pasaron de 559 a 862 en un año, las extorsiones alcanzaron una tasa de 35 por cada 100 mil habitantes.

El Carrete financió campañas políticas, impuso jefes policiacos, decretó “levantones” y secuestros. Controló la venta y el trasiego de droga. Y sobre todo, asesinó. Asesinó a miles de rivales, y también a funcionarios, candidatos, elementos policiacos —y a la infeliz población civil que se cruzó con él.

Los primeros golpes a su estructura fueron a principios de 2014, cuando se impuso el Mando Único, y el entonces comisionado de seguridad Alberto Capella le arrebató el control de las policías municipales. En mayo de ese año fueron detenidos dos hermanos suyos, así como el jefe de plaza de Xochitepec. Según documentó el Cisen, El Carrete ordenó la muerte de Capella a los jefes de plaza de Amacuzac y Tetecala. Estos fueron detenidos, sin embargo, por la Policía Federal.

En mayo del año siguiente, la aprehensión en Tijuana de Agustín Moronatti Chaboya permitió que se le abriera una carpeta de investigación por secuestro. Moronatti entregó a las autoridades información crucial. Su grupo comenzó a ser desmantelado. Las aprehensiones, el año pasado, de uno de sus principales lugartenientes, El Telúrico, así como de su hijo Alexis, volvieron imposible su estancia en Morelos. Debilitado, se escondió en la sierra, hizo alianzas en Guerrero con el fin de retomar el control del corredor México-Morelos-Acapulco.

Según dijo, las policías comunitarias que había financiado, lo traicionaron.

Ayer le dictaron auto de formal prisión. Por el momento, una de las peores pesadillas de México ha terminado.

Link con trabajo periodístico original: https://www.eluniversal.com.mx/opinion/hector-de-mauleon/el-fin-de-un-reinado-sangriento

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