EL FRENTE AUTÉNTICO POR EL CAMPO, IGUAL DE CORRUPTO QUE EL CAP

CINTARAZOS. Agosto 9 de 2019.
Guillermo Cinta Flores

Durante su conferencia de prensa mañanera de este viernes, desarrollada en Durango, el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, se refirió a los bloqueos carreteros efectuados ayer por algunas organizaciones agrarias, entre las cuales destacó, al menos en Morelos, la UNTA dirigida por Omar Zambrano.

Una de las demandas principales de esas agrupaciones, presuntamente campesinas y aglutinadas en el Frente Auténtico por el Campo, es que los recursos destinados al agro mexicano por el gobierno federal no se entreguen de manera directa a los productores, tal como lo ha propugnado el presidente de la República, y el mecanismo vuelva a ser el intermediarismo de antaño, donde los menos beneficiados eran los campesinos, pero sí los líderes venales de siempre.

En Durango, López Obrador confirmó que las organizaciones presuntamente campesinas ya no volverán a estar en el intermediarismo. Los recursos serán recibidos personalmente por los productores.

Es decir, el presidente le pegó a los líderes venales en donde más les duele: en el bolsillo.

La intermediación de esas organizaciones fue algo común y corriente a lo largo de varias décadas, siempre buscando llamar la atención de quienes, formando parte de la estructura gubernamental, tienen la capacidad de autorizar proyectos y programas, dizque de beneficio social, pero que en realidad ayudaron a mejorar el modus vivendi de los mismos dirigentes.

El que ahora se llama Frente Auténtico por el Campo antes se denominaba Consejo Agrario Permanente (CAP), una derivación del Pacto de Ocampo que se creó en el régimen de Luis Echeverría entre 1970-1976. Se trataba de grupos surgidos por la promoción oficial directa, teniendo como objetivo la invasión política y no el verdadero movimiento campesino.

El Pacto de Ocampo, por su sometimiento al presidente en turno (quien les abría las compuertas del erario), jamás sirvió para paliar los problemas agrarios, pues sus dirigentes tenían la vista puesta en el dinero.

Fue así como la sociedad rural se acostumbró a ver un repetitivo desfile de siglas que poco o nada significaban para ella y su bienestar económico: UNTA, CCI, UNORCA, CEMPA, CIOAC, CODUC, CCC, etcétera.

Sus mecanismos tienden a la presión al gobierno, el chantaje, la agresión y, obviamente, la simulación, todo con el objetivo de lograr canonjías y uno que otro presupuesto supuestamente destinado a resolver pequeños problemas de las clases más pobres de los conglomerados rurales. Dice López Obrador que repartían despensas y frijol con gorgojo y los ganones eran los dirigentes venales.

El Consejo Agrario Permanente funcionó en Morelos cuando los tiempos financieros de sus dirigentes apremiaban o el agua les llegaba a los aparejos, aunque la mayor parte del tiempo se mantenían quietos, dependiendo de la disponibilidad económica del gobierno.

Cínicamente, varios líderes del Consejo Agrario Permanente, entre quienes destacaba Jesús Escamilla, diputado local del Partido Humanista en la legislatura anterior, llegaron a confesar que desde la época de Antonio Riva Palacio (sexenio 1988-1994) se encontraban adscritos a una nómina de la Secretaría de Gobierno, donde cada mes pasaban a cobrar. Su compromiso era mantener en paz “a la raza”, para lo cual también pedían recursos.

Para hacerse sentir ayer, las organizaciones dizque campesinas movilizaron a algunas decenas de gente depauperada, proveniente de los sectores más pobres de la sociedad rural o de cinturones de miseria de las zonas urbanas. Es lo mismo que han hecho durante décadas.

Es, pues, un corporativismo o clientelismo que todavía no ha sido erradicado. Y López Obrador se ha echado a cuestas la responsabilidad de eliminarlo, pegándole a sus antiguos métodos para allegarse recursos.

Estaremos atentos sobre los acontecimientos y aquí daremos los respectivos Cintarazos.

FOTO: Central de Noticias

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