EL HALCONAZO, OTRO 68; EN UN DÍA COMO HOY DE 1971

ANÁLISIS
Por Arturo Moreno Baños

Después de los acontecimientos ocurridos en la matanza estudiantil en Tlatelolco, la verdad de lo que aconteció aún está por esclarecerse, no se sabe a ciencia cierta cuántos muertos, desaparecidos y presos políticos hubo. Las cifras que arroja la más reciente investigación sobre los agravios del movimiento estudiantil son: 68 muertos, 31 desaparecidos, 186 lesionados. Mil 491 detenidos. Un total de mil 786 víctimas directas de la represión perpetradas por el Estado.

Para que la verdad salga a flote, aún queda mucho camino por recorrer. Y aunado a ello, está otro acontecimiento que no es aislado, el llamado Jueves de Corpus, aquel 10 de junio de 1971. Fecha en la que se llevó a cabo otra represión perpetrada por el gobierno y, para variar, nuevamente contra los estudiantes. Otra vez el Estado opresor mostraba su faceta rígida, recalcitrante, cerrada al diálogo y a los vendavales libertarios. Un texto publicado el 30 de junio de 1971 en el suplemento “La cultura en México”, de la revista ¡Siempre!, número 490 relata:

“A las cuatro y media del jueves diez de junio, el monumento a la Revolución –supuesto punto de llegada de las manifestaciones estudiantiles– no parece una zona alterada: vemos solo dos camiones de granaderos; los ocupantes, desbalagados, pasean en pequeños grupos sin expectativas sin tensión. Caminamos hasta Puente de Alvarado y subimos a un autobús que nos deja en la contra esquina del cine Cosmos; ahí lo desvían hacia el sur, por Melchor Ocampo. Testigos, simples observadores, manifestantes retrasados o indecisos, mirones, se aglomeran en las esquinas de la zona, el tráfico se ha interrumpido en la avenida Instituto Técnico, bloqueada por algunas patrullas; sobre el flanco derecho, en dirección al Casco, hay cinco camiones de granaderos repletos de escudos y máscaras azules; atrás tienen tres tanques antimotines, se oyen los walkies-talkies, las instrucciones: ‘esperen por aquí la manifestación’. El bloqueo es flojo, indiferente; quienes lo deseen pueden caminar por la calzada rumbo al Casco y eso hacemos, sin orden, junto con muchos más. Nos adentramos dos cuadras observando, respirando esa atmósfera ominosa, cargada de preguntas. Un amigo con quien topamos por azar, pregunta ‘¿Crees que repriman?’ Cerca de las posiciones policiacas, del lado derecho del camellón, hay grupos de civiles con playeras; destilan una altanería nerviosa, se golpean las palmas con los puños: ellos sí esperan, esperan igual que los granaderos-gladiadores a bordo de los camiones. En la tercera o cuarta calle que cruza la avenida, descubrimos otra hilera de camiones de granaderos alineados perpendiculares a ella.

“Titubeamos en ese momento. Apretada y lenta, la manifestación cruza por la Avenida de los Maestros, a dos calles de la esquina donde estamos parados. A punto de dejarnos llevar y caminar esas dos cuadras e incorporarnos, pero los camiones de granaderos estacionados al principio de la avenida Instituto Técnico empiezan a moverse; es una operación apresurada rumbo a la Avenida de los Maestros. Por la banqueta caminamos media cuadra de regreso, entonces, cerca de nosotros avanzan las unidades alineadas perpendicularmente. Nos refugiamos en un zaguán que aún no han cerrado. Un magnavoz suplica a las personas ajenas a la manifestación que se recojan en sus domicilios. De las bocacalles que dan a la calzada brota súbitamente un grupo de muchachos, más tarde sabremos que este grupo es una organización paramilitar llamada Los Halcones; frente a nosotros surge otro, ambos traen garrotes y pancartas y empiezan a golpearse; el magnavoz interviene de nuevo y dice, textual: ‘No se peguen, son de los mismos’, lo cual detiene la refriega. Después, un tanque antimotín se estaciona cerca y suelta gases, son potentísimos, apenas nos ha llegado un vaho y ya es insoportable la oclusión en la garganta, el ardor en ojos y mejillas. Un profesor que vive en el vecindario nos ofrece su casa; adentro nos reponemos con lentitud y escuchamos los primeros disparos, aislados, como cuetes de feria; luego nutridos, ya no secos, sino reverberantes, de rifle, de algo peor que rifle. Descubrimos que es posible subir a la azotea y lo hacemos; arriba ya hay algunos vecinos; en las azoteas circundantes hay más. Desde la nuestra dominamos todos los movimientos de la avenida Instituto Técnico, ahí van y vienen automóviles Opel, como los que fueron oficialmente durante la Olimpiada. La balacera no cesa en Avenida de los Maestros; en la calzada van y vienen ambulancias de las cruces, la roja y la verde.

“Todo esto sucede frente a los tanques antimotines que ahora sí han bloqueado el Instituto Técnico. Esta es la actividad repetida de casi una hora, al cabo de la cual la balacera mengua; después, empiezan a sucederse escenas como estas: El grupo paramilitar corea ‘Nuevo León’, ‘Arriba el Che Guevara’; se detienen dos veces para reagruparse, pasan frente a nosotros; traen garrotes amarrillos (varas de Kendo, bambú) en una mano y piedras en la otra, llegan frente a los tanques antimotines que han quedado estacionados al principio de la calzada durante toda la operación, y ahí reinician sus gritos ‘Che Guevara’, al tiempo que lanzan piedras contras los cristales de un comercio. Atrás se oyen disparos más espaciados; en varias ocasiones, ráfagas. El movimiento en Instituto Técnico disminuye a partir de estos incidentes. El tiempo se ha encogido, sabemos después que todo esto duró algo más de hora y media. Todavía se oyen algunos disparos, pero más lejos. Preguntamos la hora, son las seis y media.”

EL INDEPENDIENTE DE HIDALGO
https://www.elindependientedehidalgo.com.mx/el-halconazo-otro-68-2/

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