EL ODIO NACIONAL, PROPICIADO DESDE LAS CONFERENCIAS MAÑANERAS DE AMLO

 

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Miércoles 7 de abril de 2021

Nadie en su sano juicio puede negar la existencia de un evidente y creciente proceso de balcanización en México, propiciado sin lugar a dudas por el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, dedicado hoy por hoy a dividir a los mexicanos con discursos de odio, separatistas.

Existen en Internet infinidad de definiciones sobre balcanización, término geopolítico utilizado originalmente para describir la fragmentación o división de una región o un estado en partes o estados más pequeños, que por lo general son mutuamente hostiles, sin cooperación entre ellos. El término nació a raíz de los conflictos en la Península Balcánica ocurridos durante el siglo XX. La primera balcanización se dio en la guerra de los Balcanes y el término aplicó a las guerras yugoslavas.

Por extensión, el término “balcanización” se ha usado para describir los procesos de división de ciertas culturas en identidades separadas, tales como los ocurridos a finales del siglo XX, muchos con orígenes en movimientos nacionalistas y populistas. Esto último es lo que infortunadamente está sucediendo en México, teniendo como principal divisor al presidente López Obrador.

Todo lo antes escrito es confirmado un día sí y otro también durante las conferencias de prensa mañaneras del presidente de la República, limitadas recientemente por las instituciones electorales porque ya está en marcha el proceso rumbo a los comicios del 6 de junio próximo y AMLO ya no puede exaltar sus supuestos resultados. No le coartaron su libre expresión, pero no podrá referirse a tópicos partidistas o de proselitismo electoral. Sin embargo, López Obrador ha insistido en atacar a sus adversarios políticos, con un discurso dirigido a su base electoral convirtiendo las famosas conferencias de prensa en instrumentos de propaganda. No son ejercicios de transparencia ni de rendición de cuentas, sino de enfoques emocionales con destinatarios específicos.

Y este miércoles López Obrador, junto con sus huestes, arremetieron de nuevo contra los periodistas mexicanos, críticos de los dislates cometidos hasta ahora por la administración pública federal. Volvió a tocar el turno al periodista Carlos Loret de Mola, quien a través de su programa Latinus difundido a través de las redes sociales, ha difundido hechos de corrupción cometidos por allegados a López Obrador. Pero lo mismo hace el presidente contra otros comunicadores que no apoyen su mentada Cuarta Transformación. O estás con el mediante fe ciega, o estás en su contra. Están incluidos periodistas, empresarios, intelectuales y toda una pléyade de quienes con suma facilidad observan y despepitan los graves desaciertos del gobierno lopezobradorista.

En suma, López Obrador exhibe la concentración de un poder inadmisible, autoritario y de peligro para la democracia, pues a diario desdeña y descalifica a quienes no piensan como él. Así las cosas, gentiles lectores, debemos hacer la siguiente pregunta: ¿Cómo podemos identificar a un gobernante autoritario? ¿Lo es López Obrador?

A continuación, desglosamos los cuatro indicadores clave sobre el comportamiento autoritario. Ustedes, gentiles lectores, sacarán sus propias conclusiones y verificarán si existen similitudes con el estilo personal de López Obrador.

1.- Rechaza, ya sea de palabra o acción, las reglas democráticas del juego: sugiere una constitución moral superior, deslegitima elecciones legítimas, reforma la Constitución para consolidar poder personal o partidario.

2.- Niega legitimidad de sus oponentes descritos como enemigos.

3.- Tolera la violencia, alienta el linchamiento de adversarios, aún verbal.

4.- Expresa intolerancia ante críticas y predisposición a utilizar poder (incluyendo monopolio tributario) para castigar o restringir libertades de opositores, incluidos de medios de comunicación.

Una característica de los gobernantes autoritarios es su discurso dirigido al estado emocional de los ciudadanos. López Obrador, con suma frecuencia, se proyecta como víctima de grupos o élites que han tenido “secuestrada a la democracia”. Y este miércoles lo repitió.

Ha prometido, vez tras vez, sepultar a esas élites y reintegrar el poder “al pueblo”. Pero, que nadie se diga engañado. Cuando estos líderes populistas ganaron las elecciones, asaltaron las instituciones democráticas, debilitándolas y finalmente extinguiéndolas. Hoy en día, hasta los aliados de AMLO están levantando la voz frente a sus tentaciones autoritarias y de un gobierno totalitario.

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