“EN LA VIDA Y EN LA POLÍTICA, NO HAY ENEMIGO PEQUEÑO”: DON LAURO ORTEGA

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta
Noviembre 29 de 2019

Transcurría el año de 1985. Siendo yo su secretario privado, el entonces gobernador de Morelos, Don Lauro Ortega Martínez, me llamó por la línea privada, ordenándome que fuera con él a su oficina, de inmediato.

En el interior, se encontraba solo, sin la presencia de sus famosos “ayudantes”.

– A sus órdenes, señor gobernador.

– Siéntese- me dijo.

Y acaté la orden.

Sobre su escritorio se encontraba un periódico local, de cuatro páginas, donde aparecía publicada una nota que cuestionaba al mandatario y sus propiedades en Xochitepec.

– Quiero que ahorita me investigue dónde vive este señor- indicó Don Lauro en referencia al director del panfleto.

– Vaya solo. Que nadie lo acompañe. Y luego me avisa.

No fue difícil localizar el domicilio de aquella persona, en la colonia Antonio Barona.

Después de la comida, alrededor de las 17:00 horas, Don Lauro me mandó traer y me preguntó si ya tenía la información. Le dije que sí. Entonces me ordenó que tomara uno de los vehículos que nosotros teníamos asignados y lo estacionara en la puerta 1 de la Casa de Gobierno (por la calle de Jantetelco). Empero, cuando salió el gobernador pidió que usáramos un Nissan estacionado a un lado del inmueble, propiedad de un trabajadora de la hoy llamada Residencia Oficial.

Antes de abordar por el lado del copiloto, el gobernador le indicó al comandante de su escolta:

– Permanezcan aquí. No vayan conmigo.

Y entonces nos dirigimos hacia la colonia Antonio Barona, serpenteando varias de las intrincadas calles, hasta llegar a la casa del director de aquel semanario.

Don Lauro descendió del automóvil que después estacioné.

El gobernador tocó la puerta de la casa y abrió una señora casi de inmediato.

Se trataba de la esposa del hombre, a quien Don Lauro le dijo cordialmente:

– ¿Cómo le va? ¿Se encuentra (fulano de tal)?

Visiblemente sorprendida la señora dijo balbuceante y sorprendida:

– Sí señor gobernador, ahorita lo llamo.

El director del semanario apareció, igual de sorprendido que su esposa.

– ¡Señor gobernador! ¡Pase, pase a su humilde casa!

Entramos y Don Lauro se sentó en uno de los modestos sillones de la sala, yendo al grano.

– Oiga, me interesa responderle por la nota que apareció en su publicación. Le faltan datos. Quiero pedirle de favor que me entreviste y publique mi versión.

El director estaba pasmado, y peor se puso cuando el gobernador le expresó:

– A partir de hoy quiero que usted sea mi amigo. Cuantas veces lo requiera vaya conmigo a la Casa de Gobierno o a Palacio. Tendrá las puertas abiertas. Quiero ser su amigo.

– Muchas gracias Don Lauro. Y cuente con mi apoyo. Con mucho gusto publicaré esta entrevista, dijo el periodista.

Sacó una grabadora y empezó a hacerle algunas preguntas al gobernador.

Y efectivamente: días después se publicó el semanario, con la entrevista al gobernador como nota principal.

Cuando íbamos de regreso a Casa de Gobierno, le dije a Don Lauro:

– Doctor, ¿no exageró usted poniéndole tanta atención a este periódico, considerando que ni siquiera tiene un gran tiraje?

Y el mejor gobernador que ha tenido Morelos me respondió:

– Mire Cinta. Es usted muy joven, pero sépalo de una vez: en la vida y en la política no hay enemigo pequeño. Es preferible que usted tenga cerca a sus enemigos. No lo olvide.

Una auténtica enseñanza frente a las acciones y omisiones e indiferencia de quienes, en determinado momento, incluso en la actual coyuntura del grupo gobernante de Morelos (plagados de soberbia, exclusión y ofensas a muchísimos morelenses), han subestimado a los de enfrente. La historia política de Morelos está llena de este tipo de errores.

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