¿ES AMLO UN ILUMINADO OMNIPOTENTE Y OMNIPRESENTE?

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Lunes 11 de enero de 2021

No cabe la menor duda: Andrés Manuel López Obrador proyecta percibirse a sí mismo como un iluminado y omnipotente. Es un hombre gozoso de estar al frente de la Presidencia de la República, de donde difícilmente lo sacarán sus adversarios y detractores. Se plantó ahí porque desde siempre ambicionó tener poder plenipotenciario.

Cualquier mortal valora y ambiciona el poder: social, político, económico, religioso, etcétera. Hay quienes lo buscan aunque les vaya la vida. Son capaces de degradarse ante quien fuere, perder la dignidad, convertirse en lamebotas y traicionar hasta a su madre, si es necesario, en el afán de alcanzar esa condición. Tampoco se tocan el corazón para pasar por encima de inocentes e incluso propiciar daños a la ecología, adquirir lo que se denomina indiferencia social hacia la naturaleza, o lo que sea.

López Obrador está convertido en un dictador, ansioso por implantar en México un gobierno totalitario a través de la Cuarta Transformación. Su cotidianeidad se caracteriza por creer que es omnipotente y omnipresente. Esto podría sonar exagerado, pero no lo es. Se trata de un trastorno de personalidad, vinculado a la disociación. Es algo estudiado y tratado terapéuticamente por la psiquiatría.

El precio de este superhombre radica en las secuelas; trastornos de ansiedad, pánico y depresión que padecen quienes no pueden alcanzar las expectativas que se imponen. A la vez, tienen un nivel de frustración escaso o nulo. Sin embargo, es evidente que la frustración de AMLO lo lleva a atacar a diario a sus oponentes; siempre busca demostrarles quién tiene, por ahora, el control, el predominio, el disfrute del poder desde el Ejecutivo federal. Hay de por medio un carácter neurótico y obsesivo. Hoy en día busca desmantelar todos los organismos autónomos, para no tener contrapesos, bajo el pretexto de que eliminándolos habrá ahorro.

López Obrador centraliza todo. Supone que lo puede hacer todo, aunque haya dicho que no es todólogo. Nada más falso. Quizás las únicas tareas pendientes de este tipo de personalidad omnipotente sean aprender a delegar y sortear las frustraciones, aceptarse tal cual uno es y, sobre todo, encontrar el verdadero motivo de la búsqueda incansable de la perfección, la cual, quizás, sea el amor o reconocimiento que no tuvo en su momento.

Nadie queda exento al malestar y a las críticas, ni siquiera la persona más buena del mundo. Pero, a pesar de los ejemplos y las evidencias, muchos siguen creyendo (neuróticamente) que lo pueden todo.

El neurótico supone que puede tenerlo todo, se merece todo y puede quedar bien con todos y además hacer lo que él quiere, sin pagar las consecuencias. Claro ejemplo de ello es AMLO, quien proyecta tener los síntomas del “síndrome del omnipotente”.

El deseo de perfección, el trastorno obsesivo compulsivo, los desórdenes alimenticios, el síndrome de burnout o estrés laboral y los complejos personales que lo dejan en estado de pánico, entre otros. Este tipo de personas se tornan paranoicos y ven enemigos por doquier.

Pobre hombre. Las fantasías de omnipotencia siempre conllevan demasiada presión y la tensión termina por desatar algún trastorno o ataque de pánico.

Y todo esto, ¿a precio de qué y para quién? Para llenar las expectativas de ese ideal del Yo que nos exige la perfección que considera socialmente aceptable, en fin, para sentirse amados. Reconocer que queremos poder y más poder (nunca menos) no es fácil, porque se supone que el poder está asociado a las personas que necesitan someter a los demás para lograr sus objetivos, controlar y subordinar, ser egoístas y competitivos.

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