LA FERIA DE TLALTENANGO Y SUS INTERESES ECONÓMICOS

CINTARAZOS. Septiembre 9 de 2019.
Guillermo Cinta Flores

Este lunes 9 de septiembre de 2019 deberá reabrirse la avenida Emiliano Zapata de Cuernavaca, la cual es una de las vialidades más importantes para darle acceso y salida a la capital morelense rumbo a Ciudad de México, amén de que enlaza no solo al polígono respectivo, sino a infinidad de colonias aledañas en una cotidianeidad cada día más complicada. Ni qué decir con respecto a los miles de vehículos que a diarios transitan sobre ella.

Como todos los años, la avenida supracitada hace diez días fue bloqueada debido a la edición número 299 de la Feria de Tlaltenango, organizada bajo los auspicios de quienes dirigen la Ayudantía Municipal y la iglesia dedicada a la Virgen de los Milagros, todo ello avalado desde la Diócesis de Cuernavaca encabezada por el obispo Ramón Castro.

La diferencia de la reciente feria con muchas otras anteriores fue que prácticamente nadie mencionó la posibilidad de cambiarla de espacio, pues representa perjuicios para propios y extraños. Y nadie lo hizo porque no se puede conseguir su mudanza hacia otro sitio. Ningún gobernador y ni uno solo de los presidentes municipales en turno ha tenido suficiente capacidad para enfrentarse a los poderes fácticos relacionados, año con año, a su organización, o desorganización, como quiera usted llamarle.

Antes de continuar deseo ir a los antecedentes, pues los conflictos causados por la Feria de Tlaltenango no son algo nuevo.

El 6 de septiembre de 2013 se llevó a cabo una conferencia de prensa, a cargo de varios funcionarios adscritos al Ayuntamiento de Cuernavaca entre quienes destacaron Enrique Paredes Sotelo, entonces secretario de Asuntos Jurídicos, y el director general de Protección Civil, Marco Antonio Manzo. El tema central fue la Feria de Tlaltenango y el comportamiento arbitrario –allá y entonces- del ayudante municipal de aquel polígono, Daniel Vázquez Hernández, quien un día antes, apoyado por una turba de comerciantes, incurrió en evidentes delitos penales al impedir una revisión de Protección Civil.

Más allá de lo que se dijo en torno al sainete me pareció trascendente el anuncio hecho por Paredes y Manzo Godínez: la adecuación del formato que durante muchas décadas había tenido la Feria de Tlaltenango, pero sobre todo la invasión que por estas fechas hace de la avenida Emiliano Zapata, temas por demás relevantes que serían sometidos a una presunta consulta ciudadana… que nunca se llevó a cabo. Es decir: las cosas siguieron exactamente iguales.

Empero, los emisarios de la comuna cuernavacense confirmaron lo que la inmensa mayoría de la población cuernavacense sabe: la Feria perdió su naturaleza de fiesta patronal para convertirse en un tianguis donde lo que menos se venden son las artesanías morelenses. Al contrario: el espacio invadido siempre se ha caracterizado por la suciedad, la venta de bebidas alcohólicas y los riesgos para miles de feligreses que acuden a expresar su fe a la Virgen de Tlaltenango.

Asimismo, trascendió una triste realidad: el mismo ayudante municipal y otros personajes, entre ellos presbíteros locales, se embolsan en cada edición de la Feria de Tlaltenango alrededor de tres millones de pesos, cifra en promedio recaudada durante los once días que dura la celebración. Quienes ejercen su poderío año con año en Tlaltenango nunca rinden cuentas a nadie. Y el mismo silencio prevalece en Catedral.

Poca gente sabe que los recursos generados por la Feria han causado conflictos en Tlaltenango, como ocurrió el domingo 10 de agosto de 2014. Ese día hubo golpes en la elección del comité vecinal de la Feria de Tlaltenango, mismo que rindió protesta en el Parque del poblado en medio de un dispositivo de seguridad y luego de que por la mañana el ayudante municipal, Daniel Vázquez Hernández, ofreció una conferencia de prensa respaldado por sus homólogos de Chipitlán, San Antón y otros diez poblados capitalinos, para pedir que las autoridades del ayuntamiento dejen, según él, de atentar contra los usos y costumbres de las comunidades.

Efectivamente: sobre aquel violento escenario estuvo las carretadas de dinero que derivan de esta fiesta tradicional y que difícilmente han dejado beneficios tangibles para los habitantes de Tlaltenango. La multicitada feria lo único que deja es basura, molestias y vivales millonarios. Cada año se escucha decir: “Es tiempo de poner orden”, pero las cosas siguen siempre iguales.

Foto: 24 Morelos

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