LA FRECUENTE INCORPORACIÓN DE JÓVENES AL CRIMEN ORGANIZADO

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Enero 15 de 2020

Hoy me apartaré de los temas políticos de nuestro estado y me referiré a una investigación titulada “El crimen como oficio: una interpretación del aprendizaje del delito en Colombia”, que nos ayudará a comprender todavía más las causas por las cuales miles de jóvenes mexicanos engrosaron las filas del crimen organizado.

Sus autores son Isaac de León Beltrán y Eduardo Salcedo Albarán, miembros de la Fundación Método, un grupo multidisciplinario de investigación en ciencias sociales que ha asesorado al gobierno de dicho país centroamericano en la lucha contra las drogas y la delincuencia organizada.

La información aplica, por donde se le observe, a los vaivenes en la seguridad pública a nivel nacional, acentuándose sobre diversas regiones afectadas por el flagelo de la delincuencia organizada en todas sus vertientes.

El trabajo supone que el delito puede ser entendido como una actividad que exige cierta comprobación o experiencia. El crimen requiere una compleja y extensa preparación, lo cual va en contra de la creencia de que cualquier persona, en cualquier momento de su vida, puede delinquir aun cuando no posea las actitudes o la preparación necesaria para hacerlo.

Abarca la necesidad de poseer un componente cognitivo, un componente volitivo y un componente de control emotivo” para delinquir.

Ejecutar un crimen no es algo que depende únicamente de decisiones impulsivas, sino también de los componentes mencionados, aprendidos durante un proceso de formación.

¿Saben ustedes cuál es el promedio de edad al momento en que un sujeto empieza a ser capacitado por criminales organizados? Entre 16 y 17 años, lo que tiene estrecha relación con las decenas de adolescentes (algunos eran casi niños) y jóvenes cuyas edades oscilaban entre los 17 y 21 años, ejecutados en Morelos y otras entidades.

La comisión de un delito requiere la conjunción de tres factores: 1) el componente volitivo, es decir, querer delinquir; 2) el componente cognitivo, que se refiere a los conocimientos técnicos que prescriben el procedimiento necesario para la ejecución exitosa del delito; y 3) el componente de control emotivo, es decir, la capacidad para regular las emociones en momentos álgidos de la ejecución del delito. La conjunción de los tres aumenta la probabilidad de un crimen exitoso.

Por lo tanto, un mal delincuente carece de alguno de dichos componentes, o posee uno en proporción inadecuada.

Lo anterior significa que solo aquellos criminales especializados que logran adquirir amplio conocimiento, por ejemplo respecto a los procedimientos de robo, están cognitivamente capacitados para desempeñar un papel importante dentro de una banda que intenta acciones de esta clase. En concreto: los grandes capos, algún día, fueron adolescentes.

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