LA “JUANITA” EVELYN SALGADO: OTRO MONTAJE FRAGUADO EN PALACIO NACIONAL

En Morena todavía hay quienes tienen dignidad y observan con malos ojos la designación de Evelyn Salgado, hija de Salgado Macedonio, como sustituta de su padre en la candidatura gubernamental de Morena para Guerrero. Esto aquí y en China se llama FARSA.

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Lunes 3 de mayo de 2021

El pasado 7 de abril, teniendo como escenario el Salón Tesorería del Palacio Nacional y en una más de sus conferencias de prensa mañaneras, el presidente Andrés Manuel López Obrador arremetió en contra del periodista Carlos Loret de Mola, en un acto de venganza luego de que dicho periodista y otros colegas difundieron la falsa aplicación de vacunas anti Covid-19 en algunos lugares de la República, lo cual hizo enfurecer a López Obrador, a quien nadie sacó de que aquello “fue un montaje”; idéntico al de la francesa Florence Cassez, cuyo principal protagonista fue Loret de Mola en sus tiempos de conductor de noticieros de Televisa.

Aquel 7 de abril, además de agredir a Loret por el caso de Florence Cassez, López Obrador habló largo y tendido con relación a los que, desde su particular punto de vista y la de sus principales lamebotas, son los montajes para minar a la denominada Cuarta Transformación. Un día sí y otro también, López Obrador arguye que sus adversarios mienten sobre el proyecto gubernamental en marcha y son respaldados por los medios informativos todavía al servicio de los “neoliberales”, los “conservadores”, la “mafia del poder” y quienes “pretenden desaparecer los programas sociales operados por el gobierno federal”, cuya clientela asciende a por lo menos 20 millones de mexicanos.

La mentira es impugnada por López Obrador y su círculo rojo cuando no les favorece, verbigracia en las otrora “benditas” redes sociales, hoy malditas, pues están convertidas en contrapeso de quien aparece a diario en las conferencias mañaneras diciendo lo que le viene en gana. Empero, la mentira es muy, pero muy socorrida por el tabasqueño, sus principales aliados de Palacio y en el Congreso de la Unión; y, desde luego, entre los altos jerarcas del partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), cuando les conviene.

Lo que estamos observando los mexicanos tras recientes acontecimientos preelectorales es el ahondamiento en la brecha entre “lópezobradoristas” y “morenistas”. La defenestración del senador con licencia y violador sexual Félix Salgado Macedonio, a quien las autoridades electorales federales tumbaron la candidatura al gobierno guerrerense, indudablemente hizo crecer la grieta porque, sin temor a equivocarme, en Morena todavía hay quienes tienen dignidad y observan con malos ojos la designación de Evelyn Salgado, hija de Salgado Macedonio, como sustituta de su padre en la candidatura gubernamental de Morena para Guerrero. Esto aquí y en China se llama FARSA.

Fue un montaje armado desde Palacio Nacional para demostrar que López Obrador manda en Guerrero, es propietario de Morena y además puede escupir a la cara de los consejeros del INE y de los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Además, que nadie se diga engañado, pues si Morena no pierde la hegemonía en la Cámara de Diputados el próximo 6 de junio, el presidente mantendrá y cristalizará el objetivo de eliminar al INE y otros organismos autónomos que, por ser contrapesos, le son un estorbo al principal inquilino del Palacio Nacional.

Cada día los mexicanos amanecemos más inmersos en un peligroso caldo de cultivo, aderezado por las mentiras de cualquier clase de políticos, destacando las mil falsedades emanadas desde Palacio Nacional. Una de ellas, por cierto, tiene relación con las vacunas anti Covid-19. López Obrador aseguró el viernes que a finales de junio habrá 50 millones de mexicanos inmunizados, lo cual habremos de ver, pues según Pitágoras y el actual ritmo de vacunación, esa cifra será muy difícil de alcanzar.

En torno a la mentira quiero retomar, aunque sea de manera breve, algunas reflexiones de Hanna Arendt plasmadas en su magnífica obra “Verdad y Política”, bajo el siguiente tenor, a fin de analizar si el discurso de nuestros ínclitos hombres públicos tiene o no altas dosis de falsedades:

“La falsedad deliberada, la impostura, la mentira benevolente o piadosa, la invención de estratagemas, los secretos de Estado, la diplomacia, etc., siempre han sido considerados como medios justificables en los tratos políticos (…) A pesar del límite cultural que exige no mentir, pues desde la antigüedad y como condición de sociabilidad tenemos dispositivos tanto sociales como legales que sancionan y castigan la mendacidad, también es cierto que el engaño y sus formas concomitantes tienen un estatuto distinto cuando de la política se trata”.

Como signo de lo contemporáneo, parece lícito afirmar que en el ámbito político se carece hoy de cualquier límite en el uso de la mentira. En el libro “La función política de la mentira moderna”, Alexandre Koyré (filósofo e historiador ruso, nacido en Taganrog el 29 de agosto de 1892 y fallecido en París el 28 de abril de 1964) escribió:

“Nunca se ha mentido tanto como ahora. Ni se ha mentido de una manera tan descarada, sistemática y constante”.

Y no se equivocó al afirmar que una de las herencias de los regímenes totalitarios del siglo XX para las sociedades democráticas fue la producción masiva de la mentira en el espacio político. Para confirmar el legado de Koyré no requerimos ir muy lejos; basta con seguir las conferencias de prensa mañaneras para darnos cuenta de que México está perfilado sobre un camino de autoritarismo, hacia la dictadura. Lo de la “Juanita” en Guerrero es una demostración más.

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