LOS PARÁSITOS ENQUISTADOS EN EL IMPEPAC

ANÁLISIS
Por Guillermo Cinta Flores
Lunes 22 de febrero de 2021

Antes de entrar en materia respecto a las pretensiones del Instituto Morelense de Procesos Electorales y Participación Ciudadana (Impepac), cuyos consejeros solicitaron un juicio electoral ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) en contra del gobernador de Morelos, la titular de Hacienda estatal y el Congreso morelense, dizque porque no les concedieron el anhelado presupuesto de 422 millones de pesos en este “año electoral”; quiero hacer algunas reflexiones, estimado lector, sobre el escenario donde los insaciables, ventajosos y huevonazos miembros del Impepac están presionando para conseguir “raja presupuestal”.

Primero quiero referirme al contexto financiero enfrentado a lo largo y ancho de Morelos por los 36 ayuntamientos, en plena pandemia. Hacia donde volteemos hay pobreza, gigantescas deudas a proveedores y por laudos laborales, así como la inequitativa distribución del ingreso, la proliferación de cinturones de miseria, desempleo, delincuencia común y organizada, miles de contagios de coronavirus SARS-CoV-2, insuficiencia financiera para la sanitización, incumplimiento de servicios públicos, etcétera.

Además, a este caldo de cultivo se agrega otro factor de precariedad: la parálisis de todos los municipios, cuya principal característica es la dependencia absoluta del gobierno federal y el gobierno estatal, así como la falta de fondos para satisfacer las necesidades sociales en ese segmento que demagógicamente se denomina “la célula básica del sistema político mexicano”.

Por todos lados se perciben los rezagos históricos a nivel municipal. Pero el colmo es que no sólo se están quedando a la zaga los municipios, sino también la Federación y el gobierno estatal, de suyo afectado por la disminución generalizada de ingresos. Tal escenario revela la evidente descoordinación entre los tres niveles de gobierno. Y el escenario que viene durante el resto de 2021 es predecible: los municipios experimentarán ingobernabilidad, porque no podrán cumplir sus compromisos básicos, como el pago de nóminas y servicios. A corto plazo, los alcaldes comenzarán a paralizarse debido a que no tienen ni para el pago del servicio de limpia (algunos no tienen siquiera dónde tirar la basura).

Tocante al proceso electoral del 6 de junio próximo, es de sobra conocido que participarán 23 partidos políticos, la mayoría recientemente aprobados y registrados por el Impepac, para los cuales deberán destinar cuantiosas prerrogativas públicas, no obstante que se trata de entes improductivos, para nada generadores de riqueza. Todos viven a expensas del presupuesto público, es decir de las contribuciones de quienes religiosamente cumplen con sus obligaciones fiscales.

El 6 de junio, al menos en Morelos, elegiremos a nueve diputados federales, a 20 legisladores locales (muchos de los actuales buscarán reelegirse) y a los integrantes de 36 ayuntamientos, o sea a igual número de presidentes municipales y síndicos, así como a una pléyade de regidores. Estoy hablando de aproximadamente mil cargos públicos. Habremos de ver en marzo próximo el registro de alrededor de 5 mil candidatos, entre propietarios y suplentes. ¡Puros presupuestívoros! Éstos últimos son quienes sobreviven gracias a estar incrustados en el presupuesto público.

El voto de cada ciudadano tendrá este año un costo (conservador) de 200 dólares (alrededor de 4 mil 130 pesos mexicanos), según estimaciones de expertos en tópicos electorales, la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) y la Fundación Internacional para Sistemas Electorales (IFES). El promedio en 13 países latinoamericanos, según la IFES, es de 0.94 centavos de dólar. El de México es el más alto. Ese es el precio que los ciudadanos de este país pagamos ante un sistema electoral basado sobre la desconfianza. Etcétera, etcétera.

A pesar de lo antes dicho, gentiles lectores, los ínclitos consejeros del Impepac exigen al Ejecutivo estatal la friolera de 422 millones de pesos, cuando el Congreso morelense ya les aprobó en tiempo y forma 179 millones de pesos, monto que fue aumentado hasta 254 millones gracias al incremento presupuestal de 75 millones de pesos concedido por el gobierno de Morelos.

Pero no, la cantidad no les satisface a los parásitos del Impepac, siempre acostumbrados a vivir dentro de una arcadia financiera con amplia disponibilidad de recursos para utilizarlos a discreción. Así lo hemos visto durante decenas de procesos electorales y no veo que los actuales consejeros quieran hacer una excepción debido a la situación provocada en Morelos por la pandemia. Casi tres años se la pasan esos miembros del Impepac sin hacer nada productivo a favor de la sociedad, pero cuando se les presenta la oportunidad, como ahora, no querrán desaprovecharla. Y buscaron el cobijo de quienes piensan como ellos en el TEPJF, donde está enquistada otra carga parasitaria.

Este lunes, durante una entrevista con periodistas, la Secretaria de Hacienda, Mónica Boggio Tomasaz Merino, precisó que, con los 75 millones extras, el Impepac tiene un presupuesto igual al que recibió en 2018, cuando fueron desarrollados los comicios para el cambio de Gobernador, alcaldes, diputados federales, locales. En lenguaje más entendible, la funcionaria rechazó que el gobierno morelense esté en condiciones para darles a los parásitos del Impepac los 422 millones de pesos que exigen. Y tocante al recurso interpuesto por el Impepac ante los huevonazos del TEPJF, la funcionaria indicó que habrán de ventilarlo en tiempo y forma. Nosotros estaremos atentos y después diremos, aunque desde ahora podemos declarar lo siguiente: NO CEDAN ANTE EL NUEVO CHANTAJE DEL IMPEPAC. Llevo casi cinco décadas viendo cómo despilfarran los recursos públicos cada tres años. Y lo volverán a hacer.

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