NUESTRO PUEBLO, INCRÉDULO Y REBELDE FRENTE A LA PANDEMIA

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Martes 15 de septiembre de 2020

¿Por qué en plazas comerciales, como Averanda y Galerías Cuernavaca, todos los asistentes aceptan sin chistar la aplicación de las medidas sanitarias contra el Covid-19? ¿Por qué eso -la disciplina- no se repite en mercados municipales, tianguis, calles muy concurridas de colonias populares en ciertas localidades morelenses y, desde luego, el transporte público? Las respuestas parecen ser las siguientes: en el primer caso, porque si los visitantes no aceptan los protocolos de sanitización, simplemente se les impide el acceso.

Y respecto al segundo escenario, porque nuestro pueblo es rebelde y mal educado en cuanto a la preservación de la cultura de la prevención ante la pandemia. Muchos de esos paisanos siguen montados en su macho de que el Covid-19 no existe. Y como a distancia observan a López Obrador sin cubrebocas, valiéndole máderes la posibilidad de ser contagiado, pues simplemente lo imitan.

A juzgar por cualquier número de estudios aplicados hasta ahora sobre la gravísima mortandad de contagiados por el coronavirus SARS-CoV-2, es evidente que se trataba de gente emanada de nuestro pueblo; del pueblo, pueblo; de segmentos sociales y económicos bajos. Y que conste: no deseo por parte de mis lectores una inadecuada interpretación de mis dichos, sino la comprensión de que algo grave ha sucedido en enormes segmentos de nuestra sociedad, donde no se ha captado la gravedad de la pandemia, y mucho menos ha permeado la necesidad de generar una nueva cultura de la prevención, a fin de evitar más contagios. Esta problemática perdurará mientras no existan la vacuna y los tratamientos efectivos contra el mal.

Hoy quiero poner énfasis sobre este tema, señoras y señores, porque la mera verdad no deseo que mi entidad natal, Morelos, regrese del semáforo epidemiológico color amarillo, al naranja y al rojo, en el peor de los casos; ello debido a peligrosos rebrotes.

Hace unos días escuché esta frase, y me pareció muy reflexiva, como para aplicarla al tema de hoy: “La pobreza no está peleada con la limpieza”. Efectivamente, señoras y señores: hay hogares muy humildes, pero cuya principal característica es el saneamiento, el orden; tienen todo bien distribuido y reluciente de limpio. La cocina bien limpia, la sala muy bien distribuida y los cuartos, aunque pequeños lucen radiantes; barridos, cama tendida, peluches en su lugar, ropa bien doblada, etc. Es evidente la higiene y muy probablemente los moradores de esos hogares tienen buena salud. En realidad, creo que la limpieza requiere de mucho esfuerzo físico, pero si todos le entran, la casa podría mantenerse inclusive libre de gérmenes patógenos y virus. Así las cosas, yo cambiaría un poco la frase para quedar así: “La pobreza no está peleada con la salud”.

En esta parte del análisis retomaré un estudio del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM sobre la mortalidad por Covid-19 en México, según los estratos socio-económicos. Indica que siete de cada 10 víctimas tenían una escolaridad primaria o inferior. Es decir, existe un perfil de mortalidad asociado a determinadas condiciones demográfica y socioeconómicas.

De acuerdo a este estudio, el 71 por ciento de defunciones por la terrible enfermedad viral tenía una escolaridad de primaria o inferior, el 70 por ciento fueron hombres y más de la mitad (55.7 por ciento) se concentraban en la Ciudad de México y en el Estado de México. Sin embargo, el mismo perfil de escolaridad y las mismas circunstancias poblaciones, sociales y económicas se han repetido en Morelos.

En esta entidad, uno de cada dos decesos eran adultos mayores y el 45 por ciento correspondía a la clase trabajadora. El 84 por ciento de los muertos por el nuevo coronavirus se concentró en ocho categorías de empleo, entre los que destacan los no remunerados como las amas de casa, jubilados y pensionados, empleados del sector público, conductores de vehículos y profesionales no ocupados. La mayor vulnerabilidad se ubica entre quienes no desempeñan un empleo activo —no remunerados, jubilados y pensionados, y no ocupados— que en conjunto suman 46 por ciento de las defunciones.

Sobre los lugares donde ocurrieron los decesos, el estudio explica que más de la mitad son unidades médicas para población abierta, de la Secretaría de Salud federal o estatal. Lo anterior significa que la población atendida en estos establecimientos carece de cobertura médica ligada a un empleo formal. Se trata de población con grandes carencias. El IMSS, que proporciona cobertura de salud a más de la mitad de la población nacional, solo ha cubierto el 30 por ciento de las defunciones registradas.

A manera de conclusión: la pandemia exige de las autoridades federales, estatales y municipales grandes esfuerzos de concientización (educación, pues) entre los sectores vulnerables, o sea, entre nuestro pueblo-pueblo, donde el grado de escolaridad es bajo. He visto en incontables vídeos cómo gente de esos segmentos se niega a acatar las medidas sanitarias tan cacareadas por los tres órdenes de gobierno.

 

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