OREMOS

¡GRACIAS A DIOS ES VIERNES!
20 de noviembre de 2020.
Eduardo Ángel Cinta Flores

Las fechas trágicas tristemente nunca se olvidan, se gravaron con sangre, con polvo, con fuego y sin aire.

La noche del miércoles 2 de octubre de 1968 marcó un hito en la historia moderna de México. Fue cuando ocurrió la matanza de estudiantes y civiles, que se habían reunido en Tlatelolco, por parte de militares y policías que actuaron por órdenes del alto mando castrense del gobierno mexicano. En la masacre fallecieron cerca de 400 personas y unas mil resultaron lesionadas.

El 10 de junio de 1971 se desarrolló la Matanza del Jueves de Corpus o también conocida como “el halconazo”, en referencia al grupo militar llamado “Los Halcones”, responsable de la muerte de 120 estudiantes que se manifestaban en la cercanía del Casco de Santo Tomás en la Ciudad de México, sede emblemática del Politécnico Nacional, salieron juntamente con estudiantes de la UNAM a las calles en apoyo a la huelga de la Universidad de Nuevo León (UANL).  Las paredes rojas de la Normal de Maestros se tiñeron más púrpura con la sangre de los jóvenes acribillados cual vil fusilamiento. Fue una siniestra represión y la continuación de un acto genocida que comenzó con la matanza de Tlatelolco y se extendió a lo largo de lo que se conoce como la Guerra Sucia.

Los 19 de septiembre nunca saldrán de nuestra memoria. Una vez más, alcanzábamos la fecha de conmemoración del sismo que devastó la Ciudad de México el 19 de septiembre de 1985. Sobra decir que ese día marcó a los mexicanos y que fue un parteaguas en la historia de nuestro país.

A las 7:19 horas del 19 de septiembre de 1985 la capital del país se sacudió con un sismo de magnitud 8.1. El movimiento devastó a la zona centro de la ciudad, provocó daños severos en cientos de edificios y causó la muerte de más de 10,000 personas.

El terremoto llamado de Puebla se produjo a las 13:14 horas del martes 19 de septiembre de 2017. Tuvo una magnitud de 7.1. Su epicentro se localizó a 12 km al sureste de Axochiapan, Morelos, a un kilómetro de San Felipe Ayutla, en Puebla según el Servicio Sismológico Nacional de México. Números oficiales dicen que murieron 369 personas, la mayoría en Ciudad de México.

Ya se ha escrito mucho sobre estos coincidentes acontecimientos, sin embargo, es importante mantener presente lo ocurrido y transmitirlo a las nuevas generaciones.

A las 5:35 horas del 19 de noviembre de 1984, la noche se tornó día era la trágica consecuencia de fallas en los sistemas de almacenamiento de Gas L.P. que provocaron una serie de explosiones que devastaron a San Juan Ixhuatepec, en Tlalnepantla, Estado de México justo al norte de la Unidad Profesional de Zacatenco del IPN en el entonces Distrito Federal, y dejaron 498 muertos oficiales y cuatro mil 248 heridos.

Ayer se cumplió 36 años de aquella madrugada cuando la ciudad de México se iluminó y se cimbró de tal forma que hubo quienes pensaban que se trataba de un bombardeo de la tristemente célebre Liga 23 de septiembre.

Tras la desventura se creó en ese sitio, un parque, se construyó una central de bomberos, sin embargo, siguen en activo al menos seis empresas gaseras reincidiendo en el quebranto de las normas de seguridad que dicta la ley de Protección Civil, una de ellas, estancia a un mínimo de 500 metros más allá del lindero de las empresas, lo que no se cumple por la negligencia de los pobladores y la aceptación corrupta de las autoridades municipales y estatales al permitir que hasta de sus bardas cuelguen los manteados de sus puestos o recarguen en ellas sus viviendas.

Este 19 de noviembre de 2020, con mucha tristeza les comunico que son 100,000 personas, con nombre y apellido. Son 100,000 familias que han perdido a un ser querido. Son niñas, niños, mujeres, hombres; hijas, hijos, madres, padres, abuelas y abuelos. Son vecinas y vecinos; compañeras y compañeros de trabajo. Son 100,000 vidas que ha cobrado el nuevo coronavirus a nueve meses de su llegada nuestro país.

Hay heridas que nunca cierran y estas, difícilmente la sociedad mexicana se olvidará de ellas, son letales muestras de lo que hacen los gobiernos cuando cancelan la comunicación con el pueblo atentando represivamente contra él y, cuando muestran su insensible incapacidad y voluntad humana para atender las desgracias naturales, provocadas y adquiridas.

 Diría una querida Amiga, ¡oremos!

Amigos la semana tiene siete días y … ¡gracias a Dios es viernes!

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