PELIGROSA ANTESALA

MIRADOR 21
David Alanís*

Hoy vemos en las redes sociales infinidad de videos y fotografías en los que podemos observar, principalmente, a jóvenes que maltratan animales que sin duda llaman la atención por el grado de agresión sobre un ser indefenso.

“No todo individuo que haya maltratado a animales acabará siendo un asesino en serie, pero casi todos los asesinos en serie cometieron actos de crueldad con animales”, destaca Randall Lockwood, psicólogo, vicepresidente Humane Society of the USA.

De acuerdo con los expertos en la cultura occidental actual encontramos alusiones a la violencia en casi todos los ámbitos donde nos movemos.

Es conocido el hecho de que ser testigo de un acto violento puede desencadenar agresión y desórdenes de ansiedad como estrés agudo y post-traumático, problemas de relación, y una disrupción en el desarrollo de la empatí a (Osofsky, 1995) (Journal of the American Medical Association).

Teniendo en mente que en el Manual de Transtornos de la APA y en el DSM-IV figura el trastorno de conducta (caracterizado entre otros síntomas por crueldad hacia animales y/o humanos), la violencia hacia los animales podría tener un valor predictivo de violencia hacia humanos (ya sea como malos tratos domésticos hacia el cónyuge, la mascota, los hijos, como asesinatos en serie o como asesinatos en masa…)

Lo anterior no es fruto de una ocurrencia o la puntada de quien esto escribe, según estudios comparativos se ha visto una mayor incidencia de antecedentes de abuso a animales siendo niños en presidiarios por crimen violento respecto a un grupo de hombres no violentos no encarcelados (Kellert&Felthous, 1985, entre otros trabajos).

Se encontraron también antecedentes de crueldad con animales en exhibicionistas (30%), acosadores sexuales (36%), acosadores sexuales encarcelados (46%), violadores convictos (48%) y asesinos adultos (58%) (Ascione, 1993). Es más, el Buró Federal de Investigación de los Estados Unidos de Norteamérica (FBI) conoce la relación y la utiliza en la elaboración de perfiles de asesinos en serie.

Algunos de los más conocidos como Jeffrey Dahmer, Alberto DeSalvo, David Berkowitz o el “Vampiro de Dusseldorf” empezaron sus fantasías de torturas y crueldad con animales, no con humanos.

En un estudio de 36 asesinos múltiples convictos llevado a cabo por el FBI en 1970, el 46 por ciento declararon haber torturado animales durante su adolescencia, lo que significa un alarmante promedioExpertos de la Organización Animaturalis, dedicados a la protección y el cuidado de los animales, exponen el caso de Hope (Esperanza),una gata que sufrió indecibles torturas a manos de un grupo de adolescentes. Fue golpeada, quemada, cegada, mutilada… afortunadamente alguien la recogió y se recupera favorablemente. Los agresores fueron detenidos.

Este caso alertó a mucha gente sobre la necesidad de una educación adecuada para prevenir la crueldad con animales y la posible ulterior crueldad hacia humanos, así como el desarrollo de programas de intervención adecuados.

Seamos claros, los niños reciben desde temprana edad, contacto con imágenes de animales (e incluso, la mayoría de ellos conviven con una o varias mascotas).

De éstos aprenden a ser responsables a desarrollar empatía, afecto incondicional y muchos adquieren su autoestima como consecuencia de su relación con su animal de compañía.

Desafortunadamente, en familias problemáticas, los niños pueden aprender que los animales pueden ser maltratados e incluso que la conducta agresiva es aceptable hacia humanos (White &Shapiro, 1994).

Algunos niños se identifican con el agresor (que puede maltratarlos a ellos o al cónyuge además de las mascotas) y se convierten ellos mismos en agresores (Gil, 1994).

Un estudio de la New Jersey Public Child Protection Agency, revela que en el 88 por ciento de las familias donde se había maltratado a niños, también se había maltratado a animales.

En el 66 por ciento de los casos el progenitor agresor había matado o herido a la mascota para inculcar disciplina al hijo (DeViney, Dickert& Lockwood,1983).

Por eso, la sociedad y desde luego, nuestras autoridades no debemos quedarnos con los brazos cruzados ante casos expuestos de violencia contra animales, porque podríamos estar frente a casos que podrían detonar, con el paso del tiempo en tragedias. Culminaremos citando un fragmento de un trabajo publicado en 1997 por el diario norteamericano New York Times: “Mientras se deliberaba la pena de muerte para el pedófilo y asesino de niños Jesse K. Timmendequas, se desveló que de niño sufrió durante muchos años abuso fí sico y sexual y que se le obligaba a ver cómo se torturaba a sus mascotas para que se mantuviera en silencio”.

*Director de LA JORNADA MORELOS

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