PÉSIMO SERVICIO

MIRADOR 21
David Alanís*
Agosto 8 de 2019

Por enésima ocasión, el municipio de Cuernavaca se encuentra en la encrucijada derivada de los adeudos históricos que mantiene con la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

Y hoy justamente recordamos aquella ocasión en que el anterior director del Sistema de Agua Potable (SAPAC), tuvo la ocurrencia de ir a cortarle el servicio del vital líquido a la paraestatal, por adeudo ínfimo comparado con los casi 150 millones de pesos que ellos deben por consumo de energía y que, hasta hoy ha causado la suspensión de la “luz” en los pozos que dan servicio a 28 colonias de esta ciudad capital. Para este día el número podría incrementarse.

De nueva cuenta, nos encontramos con la recurrente falta de capacidad de muchos municipios que, por desvíos y malos manejos financieros, no alcanzan a brindar de forma eficaz los servicios públicos que les corresponden.

Es casi normal que a pesar de que la gente pague su predial e incluso los servicios públicos, los ayuntamientos no mantengan en buenas condiciones las calles y mantengan servicios deficientes de recolección de basura. En el mismo sentido, mucha gente, sobre todo en Cuernavaca paga por anualidad su servicio de agua, pero generalmente reciben de vital líquido lo equivalente a seis meses o hasta menos.

Hay una realidad de acuerdo con un análisis realizado por EL País, la vida cotidiana en México nunca es sencilla; la relación del individuo como cliente o ciudadano sucede en un ambiente desfavorable. Esto es producto de un asimetría sistémica; el individuo está desempoderado y las empresas y las instancias gubernamentales sobre-empoderadas; el desequilibrio se hace palpable en las cuestiones más banales de la vida diaria.

Desde pedir una pizza hasta cancelar una tarjeta de crédito por robo, en México el cliente siempre acaba siendo la víctima de un sistema que no pide a los poderosos rendir cuentas más que a sí mismos.

La endogamia del poder vuelve la relación con el mundo horizontal de la ciudadanía tersa y por momentos imposible. Al mismo tiempo, la cultura laboral mexicana es tan rígida y vertical que a los empleados y a los funcionarios les da miedo salirse del cuadro de normas que les han impuesto; la creatividad está fuera de su código de trabajo.

El resultado es un collage de expresiones que van de lo surreal a lo incompetente; cuatro llamadas que hice en un mismo día ponen de manifiesto la imposible de la cotidianidad mexicana.

Del mismo modo, esta falta de buenos servicios públicos municipios tiene su origen, como muchas cosas, justamente en la corrupción que impera a nuestra nación.

La corrupción en México va más allá de los millones de pesos que se roban sus políticos, su origen se asienta sobre una corrupción estructural.

La corrupción de un sistema construido para la simulación, donde el poder está tan concentrado sobre el eje vertical que el eje horizontal acaba por convertirse en una víctima perpetua del desapoderamiento.

Esta corrupción de origen permea en la cotidianidad de todos los mexicanos; desde pedir una pizza hasta entrar al país, el mexicano vive a la merced de los poderosos.

El resultado es que vivimos en estado de esquizofrenia permanente; jugamos a la democracia sin ella, jugamos al mercado sin él.

Aquí no hay servicio públicos ni privados, sino sufrimientos públicos y sufrimientos privados.

La realidad es contundente: Los servicios en México son de muy mala calidad porque no dependen de sus clientes sino de los cotos de poder que les hacen favores, el servicio público en México es deficiente porque no tiene que responder a la ciudadanía.

¿Se puede hablar de un sistema de mercado que desdeñe al mercado y a los clientes? ¿Se puede hablar de una democracia que desoiga y maltrate a sus ciudadanos?

Lo que estas cuatro llamadas revelan es que, aunque nominalmente si, en la realidad la farsa no se sostiene.

Por eso vemos, que a pesar de que pagan muchos ciudadanos no tienen agua, padecemos todos, la mala infraestructura carretera donde quiera que estemos y mientras la crisis en la dotación de servicios públicos se agudiza, muchos políticos se siguen sirviendo con la “cuchara grande” gracias a las contribuciones de ciudadanos responsables.

*Subdirector de La Jornada Morelos

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