RAMÍREZ DE LA O Y LOS ALTÍSIMOS SUELDOS DE LAS BUROCRACIAS DORADAS

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Jueves 10 de junio de 2021

El martes 31 de agosto será instalada la LV Legislatura de Morelos. Los morelenses, como sucedió hace tres años, veremos el arribo de 20 nuevos diputados, 12 de mayoría relativa y ocho de representación proporcional (plurinominales). Los primeros hicieron campaña y a pie tierra buscaron el voto a favor de sus partidos en las elecciones del pasado domingo 6 de junio. La gente se tomó la molestia de sufragar por ellos. Y los ocho restantes tendrán un suculento hueso que roer, aunque, en honor a la verdad, no se empolvaron los pies. Sin embargo, todos los agraciados gozarán las mieles del Poder Legislativo inmersos en lo que yo siempre he denominado una “arcadia financiera”.

En este contexto, para ningún ciudadano es y será desconocido que entre quienes integrarán la LV Legislatura varios llevarán una mano detrás y otra adelante. Arribar al Congreso local les permitirá disfrutar de altísimas cantidades de recursos públicos para resolver su situación patrimonial.

El 15 de septiembre recibirán sus primeros 50 mil pesos de “dieta” (salario, en lenguaje cristiano) y una cantidad nada despreciable de prerrogativas públicas dizque destinadas a la gestión social. Asimismo, por presidir una comisión legislativa se les darán más recursos, hasta alcanzar alrededor de 150-180 mil pesos mensuales. Y quien sea coordinador de grupo parlamentario, recibirá otra lanita. Por eso infinidad de mujeres y hombres contendieron, entre 23 partidos políticos, por una curul en el Poder Legislativo de nuestra entidad.

Empero, a todo lo anterior debemos sumar el hecho de que los legisladores disponen de varios asesores (el que menos gana percibe 30 mil pesos mensuales), seguro de gastos médicos, lujosos vehículos, teléfonos celulares costeados con dinero público, viáticos para peaje y comidas y, respecto al caso de quienes se sienten galanes, hermosas edecanes y “asistentes”.

Aquí quiero reflexionar respecto a los altísimos sueldos que cada tres y seis años se autoasigna la burocracia dorada, no sólo de Morelos, sino también en otras entidades federativas. Ni hablar sobre lo que ocurre en el gobierno federal, donde el despilfarro de los recursos públicos, a pesar de la Cuarta Transformación, es brutal.

El tema de los altos sueldos de los funcionarios públicos y los pagos discrecionales que se autoasignan se ubicará siempre en el centro del debate público, con la justificada irritación que en algunos sectores de la sociedad provoca.

Lo anterior ocurre así dentro de todo el mosaico nacional al margen del origen partidario de quienes cumplen funciones gubernamentales, y ello se debe al menos a los siguientes factores: 1) A la paradoja de que como la alternancia política ha traído un alto nivel de rotación de élites en las estructuras gubernamentales, entonces los funcionarios -al asignarse altos sueldos y bonos- indebidamente se otorgan lo que podría denominarse como un “seguro de retiro forzado” que les permita sobrevivir durante el tiempo que consiguen otro empleo; 2) A los vacíos de nuestro sistema de administración pública que establece percepciones prescindiendo en lo absoluto de criterios de eficacia y productividad en el desempeño; 3) A los altos índices de discrecionalidad -ahora se le llama “autonomía” o “capacidad de autodeterminación”, según se trate de Ayuntamientos o poderes constituidos- que siguen prevaleciendo en la toma de decisiones gubernamentales; y 4) A la incontrovertible realidad de que en nuestro país el Estado aún sigue siendo la fuente principal del honor, el poder y el dinero, como si al frente del mismo tuviéramos a verdaderos sultanes.

Ayer fue anunciado el nombramiento de Rogelio Ramírez de la O como secretario de Hacienda y Crédito Público, en sustitución de Arturo Herrera, quien será enviado como gobernador del Banco de México por el presidente López Obrador. En otra ocasión analizaré los bemoles de la transferencia de un incondicional “obradorista” al banco central de nuestro país. Pero hoy quiero hacer hincapié en torno a un excelente análisis de Rogelio Ramírez de la O cuando era director general de la consultora Ecanal (Economic Analysis for Company Planning), sobre los salarios pagados a los altos mandos gubernamentales. La verdad no recuerdo de qué medio tomé ese trabajo, pero se difundió en octubre de 2012. Chequen lo que Ramírez de la O escribió sobre nuestro tema de hoy:

“Los funcionarios públicos no pueden aspirar a percibir los salarios de altos ejecutivos de las grandes corporaciones, porque el sector privado está dedicado a generar riqueza y existen importantes incentivos en un régimen global de fuerte competencia de las empresas, mientras que en el gobierno se obtienen los recursos de los impuestos aplicados a esa riqueza. Los beneficios que obtiene un ejecutivo que opta por irse al sector público a trabajar son muy difíciles de medir, como son las relaciones internacionales, el poder de decisión sobre asuntos importantes y el prestigio que lo acompaña”.

Indicó que, en el caso del sector privado, cuando las empresas generan más riqueza, conquistan nuevas tecnologías y realizan estrategias exitosas, sus logros se traducen en más utilidades para ellas. Entonces las remuneraciones en el sector privado son muy altas en función de los logros obtenidos.

“Por ejemplo, el presidente de la empresa energética texana Enron, Kenneth L. Lay, rechazó un bono por 20 millones de dólares que le ofrecieron, porque no lo consideró apropiado ya que la firma se encontraba en problemas”. Esos son, dijo Ramírez de la O, los órdenes de remuneración que existen en la empresa privada, donde el presidente de una firma internacional puede ganar entre 20, 30 y 50 millones de dólares anuales con incentivos.

Sin embargo, un gobierno no puede competir con esas remuneraciones porque es inconcebible. Pero, ahí vienen de nuevo. Como se ve, nuestro país y Morelos son generosos con sus funcionarios públicos, prevaleciendo las máximas que creara durante la época ruizcortinista César Garizurieta (“El Tlacuache”) de que “vivir fuera del presupuesto es vivir en el error” y que “la amistad se demuestra en la nómina”.

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