RECORDANDO LOS DESAYUNOS ESCOLARES, DESAPARECIDOS POR AMLO

¡GRACIAS A DIOS ES VIERNES!
10 de enero de 2020.
Eduardo Ángel Cinta Flores
re.consultoresfinancieros@gamial.com

Siendo un chamaco de unos 6 o 7 años veía con curiosidad que en las mañanas cuando llegaba a la escuela Benito Juárez, la que se ubica aún calle Hidalgo abajo de la catedral, varios niños se formaban no sé a qué. La curiosidad mató al gato y un buen día me formé, entré al recinto y me sentaron en una gran mesa junto con otros niños y mi sorpresa fue mayúscula cuando me sirvieron tremendo tazón de café con leche y me pusieron un bolillo por demás grande.

¡Mmmmm! Ese suculento hecho se suscitó solamente dos días más hasta que se lo comenté a mis Padres quienes me dijeron que esos desayunos eran para los niños carentes de recursos y que, mejor dejará que lo disfrutaran otros compañeritos.

La historia dice que desde 1929 una organización altruista, La Gota de Leche, distribuía una ración de lácteo entre los niños pobres de las zonas periféricas de la Ciudad de México, ante ese ejemplo el gobierno federal decidió crear la Asociación de Protección a la Infancia (API) con el fin de ofrecer un desayuno a los escolares que atendía La Gota de Leche, le llamaron “Programa de Raciones Alimenticias”.

Entre 1935 y 1945 los desayunos escolares que se entregaban a los niños consistían en un pocillo de 250 mililitros conteniendo leche bronca, un biscocho, un huevo cocido y un dulce.

La cobertura de los desayunos escolares no habría sido posible sin el surgimiento de instituciones posteriores a la API, como fue la del Patronato de Protección a la Infancia en 1950, la cual se centraba en el combate a la poliomielitis.

De 1977 a 1997 los desayunos se generaban en una planta integradora de raciones alimenticias, que tras empacar los productos los enviaba a cada entidad a través de su red de distribución.

El Instituto Nacional de Protección a la Infancia (INPI) era el responsable de la planta operadora de desayunos escolares, finalmente sería el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia la que en 1997 heredara todo el programa manejándolo hasta la fecha.

El modelo de operación no permitía la flexibilidad suficiente para considerar las diferencias en torno al consumo, así como los hábitos y cultura alimentaria de cada entidad. Además, los costos de operación se elevaban, resultando ser un modelo de operación poco eficiente. Fue así, como el modelo cambió y se compartió la responsabilidad con los diferentes estados.

A principios del año pasado, el presidente Andrés Manuel López Obrador terminó con los contratos que existían con Comercializadora de Lácteos y Derivados LALA que, durante los gobiernos de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto a través de las más de 27 mil tiendas Diconsa y Liconsa surtía de leche para el abasto social, entre ello a los desayunos escolares.

Los productos Lala tenían mucha mayor participación que los de la lechera Liconsa, cuya presencia en las adquisiciones de gobierno era marginal o prácticamente nula motivando que esta falta de coordinación entre las empresas alimentarias del Estado diera origen al organismo Seguridad Alimentaria Mexicana (SEGALMEX) la que es la encargada de conjuntar la operación de ambas entidades y colocarla al nivel de una cadena minorista.

La intención, licita, del gobierno federal es la de comprar leche fresca a pequeños y medianos productores sin necesidad de terceros, desplazando al Grupo Lala que fungía como una especie de intermediario y acopiador, eliminando un pago de colectores que llegaba a ser hasta de 30 por ciento del valor del producto.

Con tal medida, alrededor de 23 mil productores lácteos en el país podrán comercializar directamente con LICONSA, así como también las grandes asociaciones que pueden vender sus excedentes al gobierno federal a través de la paraestatal sin la oposición de una sola empresa.

Lo urgente es que se incremente dinámicamente el número de proveedores al Programa de Abasto Social de Leche del Gobierno de la República para que el producto siga llegando a los hogares más desposeídos y necesitados, y se instauren nuevamente los deliciosos Desayunos Escolares.

¡Amigos la semana tiene siete días y gracias a Dios es viernes!

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