SE CONSOLIDA EN MORELOS LA DUPLA ULISES BRAVO-PABLO OJEDA

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta
Diciembre 2 de 2019

Como dijo aquel: “Haiga sido como haiga sido”, el reacomodo de fuerzas en el Congreso morelense posicionó al titular de la Secretaría de Gobierno, Pablo Héctor Ojeda, como un brillante operador político dentro del equipo del gobernador Cuauhtémoc Blanco Bravo.

Sin embargo, también debemos agregar a Ulises Bravo Molina, hermano del mandatario y aliado de Ojeda Cárdenas, cuyo desempeño ha sido fundamental, no solo para conseguir la reactivación de los trabajos parlamentarios, sino en la inminente eliminación de la belicosidad del Poder Legislativo hacia el Ejecutivo. En algún momento se sabrá la verdad sobre cómo se consiguieron las nuevas condiciones de relación entre Ejecutivo y Legislativo, si fue gracias a los buenos oficios de la Dupla en mención o mediante las típicas componendas económicas aún prevalecientes dentro del sistema político mexicano.

Ya veremos en las próximas semanas el desempeño de la “mayoría calificada” de 13 diputadas y diputados con respecto al Paquete Económico 2020, si es que no surge sobre el escenario algún recurso jurídico, verbigracia una acción de inconstitucionalidad interpuesta por alguien ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, pues siempre se ha sabido, y así lo contempla nuestro marco constitucional, que dicha mayoría calificada es de 14 y no 13 legisladores.

Empero, es importante subrayar que para tomar las recientes decisiones, los jefes del Congreso local debieron asesorarse al mil por ciento, a fin de no quebrantar el orden constitucional y provocar la judicialización del procedimiento. Habremos de verlo.

Por lo pronto, el viernes destacó Pablo Héctor Ojeda durante una reunión con Alejandro Robledo Carretero, subsecretario de Planeación, Prevención, Protección Civil y Construcción de Paz, de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana que Alfonso Durazo Montaño encabeza a nivel federal.

Ahí también estuvieron presentes quienes encabezan las instituciones de seguridad pública en Morelos, ya sea a nombre del gobierno federal o en representación de la administración estatal.

Todos, absolutamente todos, han percibido el gran cambio de mando con Pablo Héctor Ojeda Cárdenas al frente de las estrategias, en sustitución de José Manuel Sanz Rivera, a quien nadie extraña.

Y aunque en la Ley Orgánica de la Administración Pública se mantienen las facultades plenipotenciarias del Jefe de la Oficina de la Gubernatura, es en realidad Ojeda Cárdenas quien ha comenzado a destacar, incluso muy por encima del titular del Poder Ejecutivo, Cuauhtémoc Blanco Bravo, quien ni falta hace. Para nadie es un secreto que la acción de gobierno no se le da, y por ello ha confiado las más importantes decisiones a su hermano Ulises Bravo Molina, ex funcionario del gobierno de la Ciudad de México, y al multicitado secretario de Gobierno.

Es obvio que en la mismísima Presidencia de la República y la Secretaría de Gobernación se sabe sobre el importante viraje dentro del gobierno morelense, de entrada en cuestiones tan relevantes como es la seguridad pública, pero también para evitar brotes de ingobernabilidad en nuestra entidad.

No se requiere ser docto en el análisis político para determinar que el secretario de Gobierno tiene el control del Poder Ejecutivo, más allá del disminuido predominio de Sanz Rivera, a quien ya nadie respeta como al comienzo del régimen. El español simplemente está cosechando lo que sembró con el menosprecio de los morelenses y el sobajamiento de quienes integran el gabinete y los mandos medios. Resultó todo un tigre de papel. El problema es que Cuauhtémoc Blanco se dirige muy rápidamente hacia la misma condición, lo cual, insisto, es comprensible: nació para el deporte de las patadas, pero nunca para incursionar en la política y estar al frente de la complicada gobernanza.

¿Quiénes informan de inmediato y todos los días a la Presidencia de la República y Segob sobre el acontecer político morelense? Acertó usted: varios de los que acudieron el viernes a la reunión con Robledo Carretero. Desde el comandante de la 24ª. Zona Militar, hasta Hugo Eric Flores Cervantes, súper delegado federal en Morelos, parten los informes, y es obvio inferir los datos a favor de Pablo Héctor Ojeda.

Porque sabe quiénes detentan el poder, Flores Cervantes debió aliarse desde hace varias semanas al titular de la Secretaría de Gobierno y a Ulises Bravo Molina, cuyo peso específico es evidente en la estructura del gobierno estatal.

Y el reacomodo de fuerzas incluye, aunque como factor externo del Ejecutivo, a Jorge Argüelles Victorero, presidente del Comité Ejecutivo Estatal del Partido Encuentro Social, quien aprovecha su mejor momento yendo de un lado a otro con Cuauhtémoc Blanco, el que de alguna forma u otra lo está apoyando para sus fines electorales y los del PES en su conjunto. Sobra decir que el diputado federal buscará otra posición en 2021, pudiéndose tratar de la presidencia municipal de Cuernavaca, lo cual le disputaría Fidel Giménez Valdés-Román, secretario de Obras Públicas estatales, quien un día sí y otro también aparece por las colonias de nuestra capital llevando “beneficios”. Argüelles tendría además la posibilidad de buscar la reelección en las elecciones intermedias, con miras a ser candidato pesista a la gubernatura en 2024.

Si se fijan ustedes, gentiles lectores, todos los personajes citados constituyen la que podría ser considerada como “nueva clase política” de Morelos, frente a un adormecido Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), cuyos dirigentes estatales brillan por su ausencia, a pesar de que fue precisamente este instituto político el que encumbró al actual grupo gobernante. Cuauhtémoc Blanco y su séquito los desprecian, no quieren saber de ellos. Y en idéntica actitud apoltronada están los demás partidos políticos.

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