VULNERABILIDADES EN MORELOS: DESCONTROL DE LA VIOLENCIA Y EROSIÓN DE LA FIGURA GUBERNAMENTAL

PUNTO Y APARTE. Mayo 11 de 2019.
Guillermo Cinta Flores

¿Cuál es la diferencia entre los cambios institucionales experimentados por los ciudadanos mexicanos y los europeos?

El contraste se establece midiendo los niveles de incertidumbre.

Para los mexicanos tal condición es opuesta a la de países democráticos y desarrollados, cuyos ciudadanos ven cambiar las circunstancias en que ejecutan sus actividades, pero no el marco de referencia que establece las reglas básicas de su interacción social y de su relación con la autoridad.

El escenario permanece intacto y se refiere al Estado de derecho, a la protección que las leyes confieren, a la certeza de que existen mecanismos judiciales perfectamente establecidos para dirimir controversias y hacer cumplir los contratos.

Lamentablemente, eso mismo no le ocurre a un mexicano.

En lugar de ese marco de referencia, lo que caracteriza al país es precisamente lo contrario: inseguridad pública, jurídica y patrimonial.

¿Qué relación tiene lo antes escrito con nosotros, en Morelos? Mucho, estimados lectores, sobre todo en el eventual descontrol de la violencia que podríamos padecer los ciudadanos de esta entidad federativa, sin existir de por medio el adecuado y ordenado cambio institucional.

Desglosemos.

Al frente del Poder Ejecutivo tenemos a Cuauhtémoc Blanco Bravo, quien de manera legítima ganó en los comicios de 2018. Básicamente como representante de los partidos Morena y Encuentro Social desplazó al PRD de la gubernatura, demostró fehaciente que Morelos experimenta grandes transformaciones.

Es la tercera alternancia en el poder desde que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) fue sacado de la gubernatura tras las históricas elecciones del año 2000.

Allá y entonces llegó Acción Nacional al poder y repitió en 2006.

El segundo cambio, bastante radical, sucedió en 2012 con la llegada del PRD y Graco Ramírez.

Y en 2018 aconteció el advenimiento de Cuauhtémoc Blanco Bravo como nuevo titular del Poder Ejecutivo, aunque esto se consiguió gracias a la coalición “Juntos Haremos Historia”; fueron los votos captados por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) los que realmente encumbraron a “Cuauh”.

Sin embargo, todo lo antes escrito no es suficiente.

En todo caso, el gobierno de Cuauhtémoc Blanco debería constituir la oportunidad de establecer nuevas reglas del juego y mejores maneras de relacionarnos.

La llegada de Blanco a la titularidad del Poder Ejecutivo entraña cambios fundamentales para la política local, más allá del trastrocamiento de la lógica del “viejo sistema”, e implica la creación de un nuevo marco para la actividad política y gubernamental.

LA NATURALEZA DE LOS CAMBIOS

El cambio es una de las características de nuestro tiempo. Pero el ritmo del cambio y su naturaleza específica son muy distintos a lo largo y ancho del mundo.

El cambio ha resultado traumático para determinados sectores y actores morelenses.

En los últimos lustros, Morelos ha experimentado cambios dramáticos, muchos de ellos originados internamente, pero otros propiciados desde el gobierno federal.

Todo esto ha creado un ambiente de profunda incertidumbre.

La incertidumbre es uno de los productos que de manera inevitable acompañan al cambio en cualquier lugar en que éste ocurra.

La incertidumbre todavía se encuentra latente después de la llegada de Cuauhtémoc Blanco a la gubernatura.

Como lo indiqué al comienzo de este artículo, el cambio institucional ha sido dramático desde el año pasado a la fecha.

El marco de referencia institucional no ha permanecido esencialmente intacto.

Para muchos morelenses, los cambios económicos han sido inmisericordes, lo cual se repite casi en todo el país. Han ocurrido no sólo de una manera estrepitosa y devastadora -lo que se ha traducido en desempleo, pobreza y ausencia total de mecanismos de protección familiar-, sino en total ausencia de un marco de referencia confiable. La inseguridad pública, jurídica y patrimonial se deriva de lo mismo.

Son éstos los temas que el gobierno de Cuauhtémoc Blanco debe atender, pues de ellos depende, mucho más que de cualquier otra cosa, el éxito de su gobierno y, en buena medida, el futuro de su administración.

Con relación a los recientes hechos violentos, comenzamos a ver en acción a los grupos de presión de Morelos, aunque es importante recordar la endeble posición de la mayoría, entre ellos los partidos políticos, menguados por el avasallamiento de Morena.

¿Habrá más presiones a mediano plazo? No tengo la menor duda, pero siempre teniendo como base la capacidad financiera de quienes se ubiquen en la estructuración de los movimientos. Llegado el momento volveremos a ver la acción de grupos demandantes, comportándose de la manera menos razonable posible.

Morelos aún está plagado de estas circunstancias: burócratas, maestros disidentes y en conflicto; los vividores del gasto público, políticos corruptos, transportistas implicados, junto con funcionarios anteriores, en hechos de corrupción, etc. Todos consideran que el Poder Ejecutivo les debe la vida y, por lo tanto, que los demás se deben ajustar a su sistema parasitario.

Es el Morelos que, de alguna u otra forma, debe conducir y enfrentar Cuauhtémoc Blanco.

Los gobiernos anteriores condicionaron a la población a actuar de esa manera.

La esfera pública se ha caracterizado por una red de intereses que vivieron de explotar los poderes discrecionales con que cuenta el gobierno y la burocracia, de la indefinición permanente en prácticamente todos los rubros y, en suma, de las reglas “no escritas”.

Cada acción, comentario y decisión que tome el nuevo gobernador se juzgará bajo esos criterios.

En las próximas semanas, el nuevo gobierno tendrá oportunidades de manifestarse sobre diferentes temas y asuntos.

Cada grupo de presión e interés buscará oportunidades para violar el orden legal.

Tenderán trampas para que el gobierno negocie la ley o se muestre dispuesto a modificar las normas vigentes. Esto es algo que ocurría con facilidad, tanto por costumbre, como por el hecho de que las normas y leyes están diseñadas para que no exista alternativa.

Blanco Bravo tiene la oportunidad de modificar el esquema y debe comenzar por apegarse a la ley cerrando los márgenes de acción arbitraria del gobierno.

Esto es difícil de implementar, pues todo el sistema legal está diseñado para hacer posible la arbitrariedad.

Entre varias asignaturas pendientes, el gobernador de Morelos se topó con un sistema de seguridad pública decadente y otras vulnerabilidades, entre las cuales siempre he destacado el descontrol de la violencia; la complicidad de autoridades estatales y municipales con el crimen organizado; el repunte delictivo; la cultura de la ilegalidad; la erosión de la figura gubernamental; la inequitativa distribución del ingreso en todas las regiones de Morelos; la parálisis de los 33 ayuntamientos; y la ineficacia burocrática en la mayoría de dependencias estatales.

Me parece que las dos principales vulnerabilidades son el eventual descontrol de la violencia y la erosión de la figura gubernamental.

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