Y LLEGARON LOS MENTIROSOS…

ANÁLISIS. Junio 10 de 2019.
Por Arturo Buendía

Don Jesús Reyes Heroles, enorme pensador, ideólogo, diplomático y político mexicano, solía preguntar: “¿Cómo podemos distinguir a un político mexicano?”.

Él mismo respondía que, simple y sencillamente, escuchándolo.

“Cuando dice que sí, quiere decir tal vez; cuando dice tal vez, quiere decir probablemente no; y si dice que no, entonces no es un político mexicano”.

Lo anterior significa que la mayoría de nuestros ínclitos hombres públicos mienten dentro de una peligrosa patología y trastornos de personalidad antisocial (o psicopatía, como guste usted llamarle).

Antes de desglosar el tema de hoy contaré una anécdota sobre quien fuese gobernador de Morelos en el sexenio 1982-1988.

Siendo candidato a la titularidad del Poder Ejecutivo (transcurría el mes de octubre de 1981), Don Lauro Ortega escuchó la ridícula sugerencia emitida por algún miembro de su “círculo rojo”. Ni duda cabe: se trataba de un sujeto con las características propias de los oportunistas, de esos que abundan cuando los hombres poderosos son entronizados.

Con demasiada ingenuidad le propuso al galeno de Xochitepec:

“Haría usted bien, doctor, en carear a quienes le vengan con chismes, porque ha de saber usted que Morelos está plagado de chismosos y mentirosos”.

Ante ello, Don Lauro respondió: “¿Entonces para qué me sirve el criterio?”.

Viejo lobo de mar en la política mexicana, este hombre conocía a la perfección la esencia natural de politicastros, politicones y politiqueros de nuestra entidad gracias a su experiencia conseguida durante décadas regodeándose con lo más granado del PRI a nivel nacional y el gobierno federal.

Don Lauro sabía, pues, que muchos hombres y mujeres vinculados de alguna manera u otra con el sector público son mitómanos.

Debido a que esta patología sigue latente hasta hoy dentro de las estructuras de los tres órdenes de gobierno, con personeros y “corre ve y dile” que así buscan conseguir o mantener chambas, es importante saber qué es la mitomanía.

Del griego mythos (mentira) y mania (modismo), se define mitomanía como el trastorno psicológico consistente en mentir de forma enfermiza continuamente distorsionando la realidad y haciéndola más soportable; el mitómano sublima su impulso transformándolo en arte.

El dramaturgo novohispano Juan Ruiz de Alarcón expuso un modelo de esta patología en su obra La verdad sospechosa.

El mitómano tiene una tendencia morbosa a desfigurar, engrandeciendo la realidad de lo que se dice. Con frecuencia, el enfermo, de carácter más bien paranoide, desfigura mentirosamente la propia idea que tiene de sí mismo, magnificándola (delirio de grandeza) o simplemente disfrazando unos humildes orígenes con mentiras de todo tipo, de forma que llega realmente a creerse su propia historia y se establece una gran distancia entre la imagen que tiene la persona de sí mismo y la imagen real.

Muchos famosos (cantantes de pop, celebridades de diez minutos, etcétera) han padecido esta patología.

Aquí me referiré a una pequeña porción de la célebre obra de Juan Ruiz de Alarcón. La verdad sospechosa fue escrita entre 1618 y 1621 antes de la muerte del rey Felipe III. Su texto definitivo apareció en la segunda parte de las comedidas alarconianas, en 1634.

Tiene como escenario principal Madrid, donde el mentiroso Don García conoce a Jacinta y a Lucrecia.

El personaje principal está enamorado de doña Jacinta y, a fin de ganársela, inventa toda una red de mentiras que dan sentido a la historia.

Al final, Don García reconoce sus errores y recibe un merecido castigo por sus embustes.

Múltiples pasajes pueden utilizarse para establecer una analogía con las mentiras expresadas a menudo por los políticos, de las cuales somos víctimas los mexicanos en lo general y los morelenses en lo particular.

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